España vive el segundo peor año en incendios en lo que va de siglo
Los grandes incendios forestales se reducen en número desde el año 2000, pero su superficie media ha pasado de 1.300 a más de 1.800 hectáreas, según los datos históricos del Ministerio de Transición Ecológica
A dos días de acabar el mes de julio, la primera parte del verano arroja datos alarmantes. Ya se han superado en 164.865 las hectáreas calcinadas a estas alturas del año frente al mismo periodo del año pasado, según la estimación del ... Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS por sus siglas en inglés), que localiza y estima por vía satelital la magnitud de los incendios de a partir de unas 30 hectáreas.
El conteo ya sitúa los siete primeros meses de este 2025 como el segundo arranque de año más dañino del siglo, solo por detrás de 2022, cuando se acumulaban más de 200.000 hectáreas en esta misma fecha, acorde a los datos de EFFIS cruzados con el portal del Ministerio de Transición Ecológica.
En cuestión de una semana se han sumado más de 81.000 hectáreas, quedándose en 206.768 el territorio forestal calcinado. Las múltiples olas de calor en el mismo verano, el cambio climático y el abandono de la agricultura y ganadería extensiva son factores condicionantes para la propulsión de estos grandes incendios impulsados por las olas de calor.
Los primeros incendios de la temporada llegaron a finales de junio en la comunidad de Castilla y León, el de Congosto (León) superó las 500 hectáreas y dio el pistoletazo de salida a lo que ha comenzado siendo un verano abrasador.
La primera semana de julio ya contabilizaba 33 incendios de todo tipo en siete días, un hecho sin precedentes desde 2006. Con varios focos simultáneos al norte de la península, la catástrofe en Los Gallardos (Almería), que comenzó el 9 de julio en plena ola de calor, se ha convertido en el peor siniestro forestal de Andalucía desde que se reúnen datos. En él, 14 personas perdieron la vida y 5.000 hectáreas fueron arrasadas.
Unos días después, en el centro de la península, comenzaba en La Mierla (Guadalajara) el segundo episodio trágico del verano, iniciado en la Sierra Norte de la provincia y que obligó a evacuar cerca de 30 municipios y ha superado las 33.000 hectáreas, con datos provisionales de estimación.
El mes acaba con el incendio más extenso de la historia de España desde que existen registros, declarado en Burgohondo (Ávila) el pasado miércoles y aún en activo. La gravedad de la catástrofe ha provocado que el pasado viernes el Gobierno proclamara emergencia nacional, siendo esta la primera vez que se recurre a este mecanismo por un incendio forestal. Con más 50.000 hectáreas calcinadas, ya está por encima de la catástrofe en A Rúa, en la provincia de Orense, con 37.765 ha en 2025 o el de Minas de Riotinto, en Huelva con 29.867 ha calcinadas en 2004.
Aunque la oleada de incendios en 2025 comenzó a mediados de agosto, el verano anterior guarda bastantes similitudes con el actual. El verano pasado la AEMET alertó de tres olas de calor, la primera llegó el 18 de junio y persistió hasta el 4 de julio. Este año el termómetro ha vuelto a apretar antes de tiempo y el 21 de junio ya estábamos en alerta roja.
Aun así, las temperaturas dieron tregua con una segunda alerta que sólo afectó a Canarias en julio. El año pasado a estas alturas del año, se habían quemado un total de 41.903 hectáreas entre 141 incendios. Sin embargo, la última ola de calor desató el caos, llegando a superar al 2022, que había ostentado el récord del año con más espacio forestal destruido en dos décadas. El mes comenzó con poco más de 45.000 hectáreas arrasadas y en la tercera semana de agosto, el fuego ya había arrasado 367.520. Más de 300.000 en apenas una quincena.
En esta franja se produjeron cinco de los 16 incendios más grandes desde 1968 hasta la actualidad, según refleja el Ministerio de Transición Ecológica en su balance. Los 63 grandes incendios de agosto arrasaron el 87,4% de la superficie quemada el pasado año, destacando el de Larouco, Quiroga y Oencia entre las provincias de Orense, Lugo y León que arrasó casi 38.000 hectáreas.
Tanto es así que 2025 acabó superando a 2022 en superficie calcinada, registrando 63 Grandes Incendios Forestales (GIF) frente a los 57 de aquel año. La diferencia volvió a marcarla el calendario: en julio de 2022 ya se habían encadenado 28 grandes fuegos empujados por las olas de calor.
Lo que ambos veranos comparten es que el noroeste de la península se llevó la peor parte, concentrando casi el 75% del territorio quemado por GIF el año pasado. Esta situación no es nueva, en 1994 también se sufrió una ola de calor en julio que provocó varios focos en el Mediterráneo, sin embargo, los siniestros del último decenio sí se diferencian por ser especialmente destructivos.
Menos incendios pero más destructivos
«Se necesitan tres factores para que se produzca un incendio forestal muy extenso: primero el inicio de la ignición, tener una vegetación abundante y seca, y por último, unas condiciones medioambientales que favorezcan que ese fuego se mantenga», explica Carme Llasat, catedrática de física de la atmósfera de la Universidad de Barcelona (UB).
Llasat indica que las diferencias entre el siglo pasado y el actual recaen en que los equipos de prevención han mejorado y existe mayor control sobre los incendios que se inician, por este motivo los grandes incendios han descendido en rasgos generales. Si a finales de siglo lo habitual era registrar más de 20.000 incendios anuales, en la última década esta cifra se ha estabilizado por debajo de los 8.000.
El verano de 2026 aún no ha alcanzado las cifras de 1985 y 1994, con más de 400.000 hectáreas devoradas. A la velocidad a la que avanza el fuego este julio, a 2026 le quedan menos de 100.000 hectáreas para igualar la marca del 85 y poco más de 50.000 para sobrepasar el desastre del 94.
La serie histórica recoge que, la superficie media de los GIF desde 1968 hasta 1999 se situaba en las 1.300 hectáreas, acorde a datos extraídos de la Estadística General de Incendios Forestales del Ministerio (EGIF). Desde el año 2000 hasta el 2023, la superficie media de los GIF supera las 1.800 hectáreas.
Llasat resalta que estamos atendiendo a un fenómeno masivo de incendios de sexta generación: «Aquellos que se extienden mucho y es complicada su extinción porque afecta al bosque, terreno agrícola y zonas pobladas». La vegetación seca y salvaje y las altas temperaturas favorecen la propagación rápida del incendio, además de que se generan nubes que crean corrientes de aire sin llegar a precipitar. Estos factores, sumados a la necesidad de evacuar las zonas afectadas, complican la labor de extinción al no disponer de los suficientes recursos.
Esta experta en física de la atmósfera explica que entre los años 60 y los 90, las olas de calor eran un fenómeno que ocurría una vez en varios años, sin embargo, con la entrada de los 2000, «cada año se sufren varias en el mismo verano».
El fin del mes de julio se ha situado en una media similar a la del 2022, pero con unas condiciones mucho más propicias para el desarrollo de incendios. Llasat recuerda que el invierno y la primavera este año fueron especialmente húmedos alimentaron la falsa sensación de que este no iba a ser un verano peligroso, pero las temperaturas, por encima de lo esperado, han cambiado el escenario.