Análisis
«UFC Sports»: el octágono más sangriento
El juego mejora los movimientos y físicas de los luchadores, más realistas que antes, ofrece un sensacional sistema de desgaste aunque no logra la intesidad de este complejo deporte
J.M.SÁNCHEZ
Con el tremendo aliciente de manejar al gran Bruce Lee -eso sí, con pago de por medio puesto que no aparece en el catálogo de jugadores-, «UFC Sports EA» -apuesta por el retorno de este deporte casi sin reglas, crudo, salvaje e impactante como son las artes marciales mixtas. Los golpes están asegurados en este segundo título de Electronic Arts.
El juego, eso sí, el esquema de manejo es de difícil aprendizaje a las primeras de cambio, quizá algo excesivo, ya que ofrece un amplio catálogo de combinaciones de botones que, para el primero, puede resultar complicada su memorización. Ese es el verdadero problema del juego: su mecánica abrumadora. En ese caso, acabaría por besar la lona o, con suerte, conseguir un par de ganchos, patadas de empuje o frontales, porque las llaves (y son muchas) y los sistemas de sumisión requiere de cierta práctica.
En conjunto, el juego plantea una diversión y tensión duradera. Estamos ante un intento muy logrado de conseguir un realismo en lucha más violenta e intensiva que existe, aunque se queda en eso, en el camino. Para ello se sirve de la nueva generación de consolas para generar unos potentes gráficos que emulan a los jugadores originales. Matices, gestos están muy conseguidos en algunos luchadores de la categoría de peso pesado y semipesado (Jon Jones es sorprendente, por ejemplo), perdiendo matices conforme descendemos de categoría.
La desarrolladora ha dado un importante paso en cuanto a la dotación de Inteligencia Artificial de los luchadores, que intenta conseguir una experiencia más realista. Para ello, se sirve de una simulación de la deformación del cuerpo casi al completo que permite rebajar la intensidad de sus golpes.
El título puede llegar a noquear al jugador más entusiasta, pero cumple con lo esperado. Cuenta con brillantes detalles como el sistema de sumisión y las aberturas, con fugaces destellos de lo que los luchadores profesionales consiguen con años de preparación. En ocasiones la actividad es frenética y convincente, pero a grandes rasgos los jugadores se comportan como esperamos, sin demasiados alardes de naturalidad, por supuesto, porque en el juego (el real) confluyen muchos elementos que consiguen sobrecoger en muchas ocasiones al espectador, algo que no consigue esta nueva entrega. Intenta reflejar la naturaleza de los combates pero reduciendo su complejidad y sin el sentir general de salvajismo y peligro que el deporte sí consigue pese a que, sí es cierto, se ha mejorado (y mucho) los movimientos de los personajes, más realistas que anteriormente.
Difícilmente un jugador profesional voltea a su rival en la lona y estos se quedan tan quietos que van recibiendo golpes. El rival suele rechazarlo, repelerlo y volver a posición de ataque. Se echa en falta más movimientos laterales. Esto no sucede en el juego, aunque quede claro es que es el mejor de estas características y de este deporte hasta la fecha sin lograr conquistar al jugador más exigente para que entrete todo su tiempo en avanzar en el campeonato.
La resistencia y aguantar los envites supone la clave de alzarse con el triunfo final que, por cierto, se aprecia con los daños que se aprecian en el cuerpo del combatiente y no por medio de la tradicional barra de vida. Por eso, en posición defensiva todo se aprecia mejor a pesar que la erosión del rival sea más lenta.
Cuenta con un modo campaña en donde intentar conseguir el título en las diferentes categorías, aunque es posible elegir combates rápidos al igual que el jugador cuenta con la oportunidad de crear su propio personaje (masculino, eso sí, las mujeres pueden ser controladas en otro espacio del juego).