Peñafiel, el Duero imprescindible
No sólo de lechazos y buenos vinos vive el visitante. Un sinfín de recónditos tesoros arquitectónicos le esperan en el corazón de la Ribera del Duero
CARLOS MORO
Debo confesar que cuando mi poco tiempo libre me lo permite, hay pocas cosas que me gusten más que salir a pasear y conocer el entorno del Duero . Pocos enclaves recogen tanta magia, tanta belleza y tantos tesoros desconocidos como la Milla de Oro de la Ribera . Este triángulo mágico, ubicado geográficamente entre las localidades de Peñafiel, Pesquera y Valbuena de Duero , en la provincia de Valladolid, goza de un más que merecido prestigio por la excelencia internacional que han alcanzado muchos de los grandes vinos que en esta región se elaboran.
Sin embargo, al margen de estas joyas vitivinícolas, a un margen y otro de este mágico río Duero se encuentran rincones que en ocasiones pasan desapercibidos pero que esconden retazos de naturaleza, historia y gastronomía sencillamente imprescindibles.
Al acercarse al corazón de la Ribera, parece obligada la parada en Peñafiel , ese museo histórico al aire libre plagado de emblemáticos tesoros arquitectónicos, como su castillo del siglo X convertido hoy en Museo del vino, o la plaza del Coso donde contemplar el invariable paso del tiempo a través de sus paredes y coquetas esquinas. Pero mis recomendaciones van un poco más allá, alcanzando esos rincones a menudo olvidados que sin embargo forman parte del tejido histórico-artístico de la provincia de Valladolid.
El mayor de los ejemplos es el monasterio de Santa María de Valbuena , en San Bernardo, joya del císter levantada en el siglo XII y cuyas paredes abrazadas por el Duero encierran tanta historia como belleza. Hoy es también la sede permanente del movimiento de arte sacro más importante del país, Las Edades del Hombre , cuya última exposición itinerante puede verse en Arévalo (Ávila).
El Monasterio de Santa María de Valbuena es el punto y final de un recorrido casi anónimo pero más que interesante a través del llamado Anillo Verde de Valbuena, un agradable nudo de sendas y paseos verdes a orillas del río que conectan con paisajes sorprendentes en permanente conexión con la flora y fauna autóctonas, y donde la comunión con las bodegas y los vinos de la zona se palpa en cada paso.
Separado por tan sólo unos kilómetros llegamos a Olivares de Duero , pequeña localidad donde también se pueden encontrar grandes joyas vitivinícolas, pero donde sobresale su espectacular iglesia de San Pelayo y su imponente retablo mayor, obra imprescindible del Renacimiento español y que geográficamente sobresale en este horizonte llano en el que los viñedos emblemáticos de la Ribera del Duero adornan un paisaje de postal. Peñafiel, Valbuena de Duero, San Bernardo u Olivares Duero son, en definitiva , lugares para el descanso y el sosiego que obligan a una escapada. Al margen de sus tesoros vitivinícolas y gastronómicos (con el lechazo churro de Castilla y León como embajador de lujo) esta encantadora faceta del Río Duero menos conocido merece del mismo modo ser también visitado.
A tiro hecho