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Destinos / DE PEKÍN A YANGSHUO Y TIRO PORQUE ME TOCA

La China verdadera y la... auténtica

Día 08/10/2012 - 12.21h

Eso sí, mi experiencia me dicta que no son pocas las cocinas de aspecto digamos 'espesillo', por no ser muy dura con los términos. Los que tengan remilgos con la limpieza, mejor que no se den una vuelta por la parte interior de algunos restaurantes.

La precaución puede provocar que apenas nos aventuremos a probar ningun alimento nuevo. Dieta a base de arroz o nudels con verduras y carne de lo que sea. No quiero ni saberlo. Bueno, si perdemos algunos kilillos tampoco vienen mal. Eso sí, aquí no hay ni un gordo, y eso que se pasan el día dale que te pego a los palillos y con la boca muy cerca del cuenco al 'estilo Shin chan'. La llegada de la cultura masiva del consumismo más exacerbado cambia las reglas a velocidad de crucero. En China todo es a lo grande, principalmente los cambios. Lo habitual es poner un poco de interés para reinventarse en unos profesionales del palillo y rechazar los cubiertos cual buenos invitados en estas tierras.

El idioma no nos deja comunicarnos como deseáramos y los símbolos tampoco son los mismos, por lo que el problema se acrecenta. Pero está divertido y así hay que tomarlo, como un reto y una puerta abierta a aprender cosas nuevas. Por ejemplo, el diez es una cruz con las dos manos. Cuando te quieres hacer entender, al final lo consigues pero a veces te entra una mala leche cuando ves que no avanzas... Todo va muy lento para culquier gestión que hagas. Con eso hay que contar.

Nuestro viaje comenzó en Pekín, una ciudad que siempre impresiona, pero nada que ver con lo que vendría después. Mis compis de excursión, que son muy hippies ellos, querían ir donde no hubiera multitudes, allí a la montana misma a meditar... y allá que nos fuimos: avion al sur total del país.

Yanshuo me fascinó. Para mí es el mejor paisaje. Las montañas se dibujaban totalmente redondas, haciendo unas formas que jamás había visto en ningún otro lugar del planeta. Abajo, los arrozales parecían sacados de un cuadro de Van Gogh. De ahí nos tiramos a Yunnan. Hemos ido haciendo una ruta hacia el norte para impregnarnos con el budismo de la zona. Es otra China por completo diferente a la capital. China siempre logra hacerse diferente.

Merece la pena caminar unas cinco horas (entre la subida y la bajada) para vivir en directo el espectáculo de un glaciar. A nuestro paso encontramos templos con grandes Budas y millones de banderas de colores entre los árboles y el resto de la tupida vegetación. Ésta sí es la China que yo quería encontrar. Sólo añoro un poco de papel higiénico, que vale como el oro por estos lares...

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