Hacemos parada en el Teatro Perez Galdós, capitán general de la arquitectura de la ciudad. El acceso a pie permite una panorámica emblemática. Además del teatro, el mercado, la catedral, perfecta en sus proporciones, y una serie de casas coloniales forman un entramado de calles que colorea la vista. La edificación más característica y que personalmente más me cautiva es la casa de Colón. Todavía conserva el encanto de los tiempos en los que el marinero genovés pasó por aquí. Un paseo por su interior equivale a una clase de historia. Más incluso.
Caminando hacia arriba se accede a un barrio donde las casas parecen asomarse al barranco y dibujan un arco iris de colores. Si se baja dirección catedral, allí se encuentra la peña del equipo de fútbol Sporting San José. El lugar sorprende agradablemente con su patio descubierto interior decorado con grandes macetas mientras los socios juegan animadamente al dominó. Estampa costumbrista. Buen momento para mimetizarse con el ambiente: se pide uno una cerveza Tropical, toma asiento en el patio y contempla la gente. Da para sentirse como un sentirse canarión.
Para tomarse una espumosa con glamour es mejor ir al Maikosan. Este local parece una cueva diseñada por un interiorista. Destaca un estantería de botellas de bebidas espirituosas que alcanza los cinco metros de largo. Es costumbre en los clientes pedir los licores más apartados para asistir al ritual del camarero, escalera en ristre, que mediante una operación digna de un malabarista sirve el combinado solicitado. Obviamente se suele llenar a la hora de la cena.
Junto a la catedral se encuentra un bar de tapas provisto de una notable bodega llamado Macabeo. Gran lugar para castigarse con un sorbo del vino Tajinaste, que procede del valle de la Orotava de la vecina isla de Tenerife. Así lo hice, por supuesto. Su especialidad son los caracoles. Esta parte de la ciudad ha perdido el barranco, pero ha ganado en los últimos años en oferta gastronómica.
La hora de las copas había llegado. Siempre llega. Los jueves es el día apropiado. A partir de las doce hay que ir a Perojo, que está en la calle del mismo nombre. Para llegar allí desde la catedral se atraviesa la calle mayor de Triana, prima hermana del famoso barrio sevillano. Es peatonal y con multitud de comercios. Perojo es el local emblemático para ver y dejarse ver. Recrea una vivienda típica de Las Palmas, con su patio y su fuente. No falta un detalle. Obviamente la bebida más popular es el ron Arehucas, el oro líquido de las islas afortunadas. Está en precio, oigan.



















