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Destinos / EL SÁBADO DE VAQUILLAS PONE TERUEL BOCA ABAJO

La puesta del pañuelo no hace prisioneros

Día 08/10/2012 - 12.21h

Teruel (que existe, ¿eh?) se colapsa por minutos. Aterrizan gentes de todos lados. Del extranjero y nacionales. Medio levante español anda por aquí. La indumentaria no deja lugar a dudas: pantalones blancos, camiseta blanca, un fajín rojo y un pañuelo rojo a cuadros negros. Todos venimos a lo mismo. Hay que comer muy contundentemente para asentar bien el estómago. Después preparar todo el material para irse a la plaza del Torico con bebida. Se avecina una batalla campal donde no faltarán los hoolingans.

En la plaza hay ambiente increíble, no cabe ni un alfiler. Imposible caerse. Muchos de los presentes vienen provistos de garrafas llenas de vino para ir tirándola al aire. Ducha gratuita. También están los más sofisticados, usan pistolas de agua o bien fumigadores para echar el zumo de uva. Imposible que la camiseta no se te tiña de morada en cuestión de minutos. La primera mancha molesta. A la octava ya da todo igual.

Cuando el calor aprieta, el sudor de la masa forma un hedor que a veces supera los límites de lo soportable. Pero el buen ambiente y la ilusión por estar allí te hace incluso dar botes con los cánticos del gentío. Algunos cubos de aguas se lanzan desde los balcones, buenos en los años de calor, pero no tan agradable en los que hace frío. Se agradecen siempre.

Pelotas gigantes de plásticos son golpeadas a modo de entrenamiento por los presentes que esperan el gran momento. Con un poco de observancia veo caras conocidas de otros años, como uno que se trae una tarima para sobresalir sobre el resto con su sombrilla. Un clásico.; Llevar bebida y sobre todo hielo es casi un lujo. Lo importante es poner la mano encima para que no le entre el vino o lo que tiren dentro de la copa. tanta rebujina no es buena.

Se acerca la hora, empiezan a entrar las peñas con sus charangas y pancartas. El termómetro sube al máximo. Cada año una peña es la encargada de anudar el pañuelo al Torico, un pequeño astado que se yergue en lo alto de una columna- El auténtico símbolo de la ciudad, por delante de los famosos amantes de Teruel. Como si fuera una pirámide humana los peñistas se agolpan para formar una torre. Uno de ellos inscribirá su nombre para la posteridad, tendrá el privilegio de servir de corona.

Por unos minutos, la plaza;se queda callada mientras el castillo se forma, no es fácil tarea. Al final allí se suben y colocan la tela. Ya está. La lluvia de vino es espectacular, la gente se abraza como si le hubiera ganado la lotería. Las bandas tocan y tocan. Qué estruendo. Más agua desde los balcones. La Vaquilla acaba de comenzar, hay que divertirse. Imposible no hacerlo.

La plaza se despeja poco a poco, la gente se va ubicando en las distintas barras de las peñas. Como forastero que soy y por tanto poco original, me voy a la más cercana, la del Isabis. Me encuentro con caras de otros años, como a un zaragozano que nunca falla y reconocible por siempre llevar la camiseta de Argentina con el nombre de Maradona. O uno que siempre va con una paloma disecada. Personaje total.

Las camisetas y pantalones que se ven tienen solera de años anteriores, grandes manchas que significan haber vivido grandes Vaquillas. En este sitio me puedo quedar horas y horas, viendo cómo se tiran macetas de tinto unos a otros mientras alguno se revuelca por el suelo.; Es el paroxismo en su máxima expresión.

La cuestión también es moverse un poco por otras barras. Todo está a tiro de piedra. O de garrafa de vino, mejor dicho. Por ejemplo justo detrás está la de la Casa de Aragón. También hay algunas minibarras por los callejones. Es un tótum revolútum, un río humano de idas y venidas. No paro de beber, aunque me doy cuenta de que la noche va cayendo. Es un momento que hay que decidir, si seguir con el olor a vino o darse un retoque. Hay para todos los gustos. Lo importante que quede fuerzas. Yo estoy por la labor de cambiar de camiseta y lavarme un poco la cara. He visto a mujeres de vino hasta arriba y por la noche estaban hechas un pincel. La cuestión es optimizar el tiempo: rato que tardas en arreglarte, rato que pierdes de estar en la pomada.

Teruel no mete prisa. Por mucho que mires el reloj siempre queda mucho más. Hay peñas enormes por los sitios más insospechados. Todas están llenísimas, a rebosar. Un excelente remate para la noche (más bien al amanecer) siempre ha sido la peña del Ajo, que suele poner el punto y final con 'The Final Countdonw' de Europe. Se ubica en la plaza de los Amantes, “tonta ella, tonta él”. Literalmente se me ponían los pelos de gallina tras 17 horas de fiesta ininiterrumpida. Lamentablemente, trasladaron esta peña de este histórico lugar. Toca preservación del patrimonio. Eso me dijeron.

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