La plaza Vasco de Gama es el epicentro del jaleo, un vivero de gentes que comercian a la sombra de sus gigantescos árboles mientras a pocos metros, en la costa del Mar Arábigo
A lo largo de toda la línea de mar se suceden los puestos de pesca al estilo tradicional chino, una costumbre que ha arraigado en Kerala más que en ninguna otra parte de India. Los pescadores ofrecen sus capturas a precios competitivos. Lo suyo es dejarse querer y aprovechar el paseo para hacer un estudio de mercado. Nótese que si cae la noche, el personal tiene que quitarse de en medio el género con lo que la cosa se abarata. Luego no hay más que cerrar la compra y acercarse a un restaurante para pactar un precio por que lo cocinen. Vale acompañar la cena con una rica cerveza, puesto que el acohol sí circula en esta ciudad.
Los atracones de gambas, rosadas, cangrejos o chipirones se suceden inevitablemente a lo largo de un barrio trufado de pequeños hoteles con gran sabor. La mayoría dispone un patio trasero, algunos incluso con piscina y muchos con suficiente buen gusto. Como todo en la vida, hay que pagarlo. Los precios no son los de la India profunda. Pero se paga con gusto, porque la sarna ya se sabe que en situaciones así no pica...
Las calles Princess, Peter Celi y la QuieroŽs son sin duda las favoritas del formato guiri. Puestos para conocer la ciencia ayurvédica, organizar excursiones, comercio de baratijas y muchos puestos de comida alumbrados con luces de colores. Un poco Disneylandia en plan indio, pero aportando que es gerundio. Se pueden encontrar lugares baratos para hospedarse, como por ejemplo el Vasco de Gama Inn. Puede valer. Todo puede valer.



















