Hoy en día, el auge del turismo en esta nación del Adriático se está produciendo a golpe de hotel de cinco estrellas y muelles para barcos de lujo. Sin embargo, Ada Bojana permanece al margen de esta expansión. Sigue siendo ese rincón entrañable donde nada está prohibido y todo es posible. Por supuesto, una zona del litoral está consagrada al nudismo. La tradición naturista en este lugar tiene casi tantos años como la misma playa.
Sumida en un agradable silencio donde sólo se escucha el rumor del mar, Ada es una playa de varios kilómetros situada en una isla al lado de la frontera con Albania. El único sobresalto que puede sufrir el visitante es que un grupo de vacas invada la playa y se coma su tienda de campaña.
La arena es muy fina, incluso en eso este lugar es especial y distinto al resto de la costa. Alrededor de la playa y en los pueblos cercanos todo es naturaleza prácticamente virgen. No hay tiendas. Sólo hay restaurantes en la ribera al que únicamente se puede acceder pagando un euro al barquero para cruzar el río. Y además es considerablemente barato: una cena completa, y las cenas en los Balcanes no dejan ni un centímetro de mantel a la vista, sale por poco más de diez euros. La Rakija de la zona, llamada Loza, es la típica bebida montenegrina elaborada con uvas. Y sería imperdonable no probar el pescado capturado por el personal del propio local.
Hay varias formas de hospedarse. Uno puede coger una tienda de campaña en la playa. Es la opción más barata, cuesta no más de tres euros diarios. Aunque el turista se exponga a las aludidas vacas o a otro visitante menos simpático, las culebras que moran por unas dunas vírgenes que sirven de reserva natural a múltiples especies.
La opción más recomendable, en cualquier caso, es alquilar una de las casitas típicas que hay en el río. Son de madera y están sobre el agua en pequeños muelles con lanchas ancladas para moverse por la zona. La más cara cuesta 20 euros por persona. Y lo que sin duda más merece la pena es el desayuno típico montenegrino que el casero tiene por costumbre preparar a sus huéspedes. Se trata de Preganice, unos bollos parecidos a los donuts por su forma, pero de elaboración tradicional y rellenos de queso.
MOVIMIENTO POR LA NOCHE
La puesta del sol es mágica. No tiene nada que envidiar a los venerados ocasos ibicencos o gaditanos en España. Contemplarla, junto a la vista de las sombrillas de mimbre típicas del lugar, es una de las actividades que, no por sencillas, dejan de ser menos agradables y placenteras. Los viajeros jóvenes y con ganas de marcha, al caer el sol siempre pueden ir a Ulcinj, el pueblo más cercano, donde hay montones de bares. Aunque lo más concurrido son los chiringuitos que se extienden por la playa. De noche, se hacen fogatas y fiestas improvisadas, sin ninguna organización aparente, donde nada está previsto y todo (todo) es posible.
Y además, aparte de disfrutar del silencio o del jolgorio nocturno, hay otra alternativa más que es el deporte. Desde hace unos años, el kitesurf ha tomado un kilómetro da la playa. Estas velas forman ya parte del paisaje natural de Ada Bojana. Otras opciones son los paseos a caballo. Pero el genuino visitante de Ada Bojana con lo que verdaderamente disfruta es de lo que los italianos llaman 'Il dolce far niente', el placer de no hacer nada.



















