Newsletter 'Ajuste de cuentas'
Cohete y pluma
El conflicto en Oriente Medio dispara en cuestión de días el precio de la gasolina... ¿cuándo tardará en bajar?
Este texto corresponde a la newsletter 'Ajuste de cuentas' donde hablamos de dinero sin tapujos, abordando pequeños hábitos del presente que nos ayudarán a hacer más fuerte, financieramente hablando, a nuestro 'yo futuro'.
Newsletter
Lo habrán notado en el bolsillo. La factura de la luz, del gas, llenar el carro de la compra y, sobre todo, el depósito del coche, es hoy mucho más caro que hace apenas unos días. La trepidante subida se resume en el fenómeno conocido como 'cohete-pluma', un movimiento muy dañino para el consumidor en el que, cuando el precio del petróleo sube, el de los carburantes lo refleja en cuestión de minutos; pero cuando baja, tarda semanas en repercutirlo. O ni siquiera llega.
Ya lo vimos con la guerra en Ucrania y el prolongado periodo de inflación a doble dígito que vino después. Y ha vuelto a ocurrir. En esta última semana, el precio medio del litro de gasóleo en España se ha disparado más de un 14% hasta los 1,645 euros. Son máximos desde finales de octubre de 2023. Y hay gasolineras en los que se alcanzan los 1,8 euros. La gasolina ha escalado un 7,7% hasta los 1,60 euros, su nivel más alto desde agosto de 2024, según los datos del Boletín Petrolero de la Unión Europea (UE) actualizado este jueves.
El enfado es razonable entre los conductores, ante unas gasolineras que fijan precios en función de las cotizaciones internacionales del día, a pesar de que el combustible que venden se compró hace semanas, a un precio más barato. Pero hay cierta explicación racional. Y es la previsión de que el petróleo que tendrán que comprar después será mucho más caro. Así que ahora intentan minimizar ese impacto. El problema es que, cuando el petróleo baja, muchas están vendiendo combustible que compraron antes a precios más altos, optando por vender ese stock primero y aplicar los descensos de forma gradual y menos evidente para los conductores.
Más allá de esa cuestión logística o financiera -en la que también hay que tener en cuenta el peso de los impuestos y otros costes que mitigan posibles caídas de los precios del crudo sobre el coste final-, algunas voces apuntan directamente a la falta de competencia para aplicar bajadas rápidas en el sector. Sobre todo todo porque, nos guste o no, es un bien difícil de sustituir. Es decir, llenaremos el depósito esté el litro a 1,30 o a 1,80 euros. La única diferencia, el disgusto que nos acompañará durante todo el día.
Ese efecto 'cohete-pluma' no es exclusivo de la energía. En el mercado bancario, ocurre algo similar con los tipos de interés. En ciclos de subidas por parte del Banco Central Europeo (BCE), con el consiguiente repunte del euríbor, las entidades no tardan en trasladar el encarecimiento al precio de sus hipotecas. No lo hacen tan rápido con la remuneración al ahorro, que debería mejorar al mismo ritmo.
Más allá de la estrategia -o quizá picaresca- empresarial, el principal problema es que los hogares se enfrentan a un nuevo golpe -otro más- para el presupuesto familiar, sin ni siquiera haberse repuesto del todo del anterior. La inflación se ha moderado y permanece controlada en el entorno del 2,4%, pero eso no implica que se haya recuperado el poder adquisitivo frente a todo lo perdido desde 2021, el año previo a la guerra en Ucrania. En los alimentos es donde la brecha es más notable. ¿Un ejemplo? El aceite de oliva. Su precio ha bajado un 24% desde el año pasado. Pero sigue siendo un 64% más caro que en 2021. Con esa perspectiva, y en este caso concreto, la pluma sigue siendo un cohete.