Auxilio para salvar a un abuelo de 500 años
El Tiemblo es famoso por el ejemplar centenario de su castañar, una joya que atrae a miles de turistas a un pueblo que ahora pide ayuda para evitar que sea pasto del fuego
Madrid
La Reserva Natural del Valle de Iruelas difícilmente sobrevivirá al incendio que avanza en esta zona del sur de Ávila desde el pasado jueves ... 24 de julio por la tarde. Los pinares, castaños, robles melojos, encinas y tejos, acebos y avellanos que arraigan en estas montañas son hoy las piras que alimentan las llamas de la catástrofe ecológica a la que tanto autóctonos del terreno como amantes novicios asisten con impotencia en estos días. Tiene el enclave 8.828 hectáreas. Y las informaciones, aún a falta de una medición técnica, hablan de que ha quedado prácticamente arrasada. El perímetro de la zona que arde es de más de 20.000 hectáreas y gran parte de ella extiende su sombra sobre el preciado valle.
En su interior, a escasos dos kilómetros de la localidad abulense de El Tiemblo, la misma que fue desalojada de madrugada por la amenaza del fuego, se encuentra escondido un paraje muy visitado por su singularidad, de apenas 135 hectáreas. Conocido como el Castañar de El Tiemblo, es un bosque autóctono y milenario, que ha sobrevivido a toda clase de vicisitudes.
Superviviente del tiempo
Cada otoño, sus colores y sus senderos preñados de castañas salvajes atraen a decenas de miles de personas ávidas de sumergirse en un paseo relajante por lo más parecido a un bosque de cuento que tendrán a su alcance. «Un bosque mágico, nuestro bosque mágico», le gusta llamarlo al alcalde del pueblo, Arturo Varas.
Como tal, esconde una «joya» en su interior. Es conocida como 'El abuelo' y se trata de un castaño de entre 500 y 800 años, con un tronco hueco de 16 metros de diámetro atesora leyendas e historia a partes iguales. Es uno de los grandes reclamos turísticos de la zona, hasta el punto de haberse convertido en un emblema del lugar. 'El abuelo', que luce las cicatrices de algún fuego antiguo, que ha sobrevivido a guerras y ha servido de abrigo natural a pastores y rebaños durante siglos, está hoy a punto de desaparecer.
Varas, el alcalde que el jueves calificaba como «un infierno» lo que había vivido en su pueblo el jueves y el viernes, ayer sábado se afanaba en reclamar medios para salvar el preciado castañar de la localidad. Según declaró a medios locales, llegó a pedir refuerzos aéreos de forma personal para que la línea que delimita el frente del fuego no arrasara este enclave. «Ya ha arrasado el incendio el 85% del monte del municipio y no queremos que llegue a estas zona emblemática, que significa tanto para el pueblo», declaró. La situación es compleja, porque realmente, en el mapa donde se observa en directo vía satélite el avance del fuego, se puede apreciar cómo la línea que separa el incendio del paraje singular que se intenta proteger es muy fina.
Está a 9,5 kilómetros de la urbanización de La Atalaya, que los miembros de la UME lograron salvar en parte con una lucha cuerpo a cuerpo contra las llamadas durante la noche. La duda es si el cambio de viento que se produjo durante la tarde ayudará o, por el contrario, hará que la lucha de los habitantes de la zona por salvar el enclave se dé por perdida definitivamente.
Al menos, Varas explicó que la bajada de las temperaturas y el aumento de la humedad parecían haber limpiado el ambiente y no le parecía descabellado hablar de «estabilización» de la situación, que tachó de deprimente al ver visto pasar el entorno del verde al negro absoluto.
Un tono que es incompatible con el alto valor ecológico y económico que tiene para el pueblo su paisaje. El castañar atrae a una gran cantidad de personas todo el año. La atracción es tal que se llegó a limitar el acceso, previa entrada y reserva de horario, para proteger la integridad del enclave. Porque como ha reconocido Varas en muchas ocasiones, «es piedra angular del turismo de la localidad».