Hubo un tiempo
No hace tanto que las calles ardían por una milésima parte de los problemas que hoy afrontan las familias
Málaga
Seguramente se acordarán, porque tienen buena memoria y porque, no lo vamos a negar, ustedes, mis queridos lectores, tienen casi todos una edad suficiente como ... para tomar perspectiva histórica, del antes y el ahora. Y es que hubo un tiempo en que las calles ardían por una milésima parte de los problemas económicos que hoy en día afrontan la mayoría de las familias. Y miren ustedes que aquí no pasa nada: circulen, que España va mejor que nunca.
Vamos a empezar por los combustibles, que la mayoría de las economías no pueden (no podemos) ni pensar en un coche eléctrico... Y menos ahora, que es caro hasta el aire que respiramos. Pues tanto la gasolina como el gasóil ya se pagan por encima de los dos euros el litro; vamos, al mismo nivel que en los países europeos ricos, con la pequeña diferencia de que aquí el sueldo es una tercera parte que allí. Y oigan, ni una protesta, ni una queja, ni un triste mensaje de solidaridad con los trabajadores que se dejan medio sueldo por el camino, para ir a ganarse el otro medio. Se echa de menos a esos beligerantes sindicatos, a esos grupos de izquierda, que con el combustible a poco más de un euro clamaban contra anteriores políticos insolidarios, que sólo gobernaban para los ricos y blablabla.
Y qué me dicen de la vivienda, para los que tengan el lujo de pagar una hipoteca. Los tipos de interés están desbocados, y con los préstamos variables ya toca apoquinar hasta 100 euros más cada mes. Un buen puyazo para las sufridas economías familiares, y den gracias. Pues todavía no he escuchado a ninguno de los que ladraban antes quejarse por esto, cuando parecía que se acababa el mundo porque subía el Euríbor, y todo era exigir ayudas a los hipotecados, topes máximos a los bancos y cualquier otra ocurrencia. En cambio, ahora, el que pueda que pague, que tampoco es para tanto palmar mil euritos al mes por la casa.
Suma y sigue. La electricidad está que da miedo encender la tele, y hasta el butano ha subido. Por no hablar de la cesta de la compra. Eso sí que es un drama, porque demasiadas familias están renunciando a alimentos vitales, como la carne y especialmente el pescado, porque son muy caros; y cuando la alimentación deficitaria afecta a los menores, ya hablamos de otra cosa... Otra cosa de la que ahora, qué casualidad, tampoco dicen ni pío las voces de antaño... Y hoy para comer toca otra vez macarrones con tomate.
Total, que las cosas van tan mal en la economía doméstica de muchos malagueños, que las fuerzas sindicales, socialistas y de la izquierda están todas deseando ya que llegue la derecha (o mejor todavía, la ultraderecha) al Gobierno de España para poder volver a salir a quemar las calles. Y si no, al tiempo.