No vuelvas de vacaciones más 'crujido' de lo que te fuiste
Colchón 'titanic', masajes criminales... La médico rehabilitadora Sara Laxe repasa los peligros del verano para nuestro cuerpo
Llegan las vacaciones, apagas el ordenador, te pones las chanclas y la ropa mínima y, de repente, te crees Rafa Nadal en la playa con ... tus palas del bazar chino o un atleta olímpico cruzando medio mundo con dos maletas de treinta kilos a cuestas. Spoiler: no lo eres. ¿Hace falta recordar(nos) que pasamos diez meses al año en los que nuestra actividad física principal se concentra en los dedos para teclear en el móvil o el ordenador? ¡Y pretendemos que ahora el cuerpo asuma ciertas actividades del verano sin 'romperse'! Esto es algo de lo más común: empezar nuestro tiempo de descanso muy motivados –de más, quizá– y volver a casa hechos un cisco.
Para entender por qué regresamos de nuestro paréntesis de libertad más 'crujidos' que cuando nos fuimos, recurrimos a Sara Laxe García, médica rehabilitadora y directora del Comité Científico de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF): «El cuerpo no entiende de vacaciones, sino de cargas», sentencia antes de explicarnos qué podemos hacer para que las escapadas estivales no terminen en la consulta de algún médico.
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Del chiringuito al deporte playero
El enemigo público número uno de nuestro cuerpo de currelas –culo con forma de silla y espalda para dar pena– es el partido improvisado de palas en la playa. «El problema no son las palas, sino querer jugar una final después de meses sin entrenamiento», apunta la experta. En ese intento de salvar una bola imposible bajo el sol, tus hombros y codos soportan impactos repetidos, mientras tus tobillos y rodillas se hunden en una superficie completamente inestable, describe. «La orilla del mar suele estar inclinada. Esto provoca que una pierna corra por la parte más alta y la otra por la más baja, lo que genera una carga desigual», explica. Y ahí ya tenemos el caldo de cultivo ideal para lesiones...
¿Andar con el postureo de correr por la orilla del mar al atardecer para la foto de Instagram? Lo que se ve en la foto es una cosa y lo que siente tu cuerpo, otra, tal y como detalla Laxe. La arena blanda obliga a tus músculos a trabajar el triple y la inclinación de la orilla hace que corras «cojo», cargando un lado más que el otro. Si tus articulaciones no comparten tu entusiasmo, mejor busca una superficie llana y firme. Si no las escuchas, terminarás el verano hecho polvo.
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Colchón 'titanic' y el aire acondicionado maléfico
La maleta, cuando es demasiado pesada, no solo lleva nuestras cosas, también mucho peligro para nuestro 'body'. Laxe es tajante; no hay 'trucos' de halterofilia para levantar equipajes muy pesados sin riesgo: «¡Ninguna técnica convierte una carga excesiva en una carga segura! Pedir ayuda no es una señal de debilidad», avanza. Eso es lo primero, pero «si tienes que levantarla, flexiona las rodillas, pégala al cuerpo y olvídate de girar la cintura», aconseja.
¿Más peligros 'vacacionales' para nuestro chasis desacostumbrado? Sí, el colchón del hotel o del apartamento, que está más hundido que el Titanic. ¿Son los culpables de que nos levantemos tantos días con el cuello rígido? «Normalmente no –desmitifica–. También se acumulan horas de viaje, cargas de maletas, caminatas y posturas diferentes», matiza. Pero ayudan al desastre, claro. Ahí va un truco de emergencia para que las horas de sueño no nos hagan polvo: 'jugar' con la almohada. «Si duermes de lado, colócate una almohada entre las rodillas; si duermes boca arriba, debajo de ellas», indica la doctora. Y también nos ofrece una advertencia muy seria respecto al aire acondicionado puesto a tope, 'culpable' de no pocas leyendas urbanas: «No genera la tortícolis por arte de magia, pero si tu musculatura ya venía cargada del viaje, esa corriente fría durante ocho horas es el tiro de gracia».
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Chanclas asesinas
Las chanclas de dedo son el uniforme oficial del verano, pero ver a turistas recorriendo el centro histórico de una ciudad con ellas hace llorar a los rehabilitadores. «Este tipo de calzado ofrece poca sujeción, especialmente en el talón», explica Laxe. Para que la chancla no salga volando en cada paso, modificamos inconscientemente la forma de caminar, obligando a los dedos a hacer «garra». ¿El resultado? Una maravillosa fascitis plantar. El veredicto médico es claro: «Una chancla puede llegar hasta la playa, pero no necesita visitar todos los monumentos de la ciudad». Úsalas para la piscina y, para el turismo, calzado sujeto.
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Masajes peligrosos
Estás tumbado en la toalla y se te acerca alguien ofreciéndote un masaje por unos eurillos. Suena tentador, pero la doctora Laxe recomienda un educado «no, gracias». Poner tu espalda en manos de alguien que desconoce tu historial o si tus molestias son, en realidad, una lesión grave es una temeridad. «Un masaje demasiado fuerte en un tejido dañado puede acabar en hematomas o contracturas peores», advierte.
'Botiquín' biomecánico
Si no tienes a un profesional sanitario cerca, la doctora Sara Laxe nos da las pautas de primeros auxilios para salvar tus días de descanso.
- Si es un calambre. «Detén la actividad inmediatamente. Estira el músculo de forma suave, constante, sin rebotes ni tirones bruscos. Después, descansa, refréscate e hidrátate bien», indica.
- Si es una torcedura o tirón (con hinchazón). Protégela. Nada de seguir caminando «para que enfríe». Reduce la actividad y abraza el 'team hielo'. Aplica frío envuelto en una tela en periodos breves para bajar el dolor. Jamás directo a la piel.
- Si es una contractura pura, sin inflamación. Una esterilla o ducha caliente aliviará la rigidez muscular.
- Cuando preocuparse de verdad. Si el dolor es criminal, si aparece tras una caída fuerte, o si notas hormigueos, fiebre o pérdida de fuerza en la pierna o el brazo, acude directo a un profesional sanitario.