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Análisis

Europa

Sirva esta confesión de preocupado europeísmo de despedida a quienes me hayan leído en estos más de veinticinco años de colaboraciones

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José Luis Zubizarreta

Nunca fui patriotero. No me gusta siquiera su fonética, cargada de duras y rotundas consonantes. Pero, si de algún lugar me siento patriota, es de ... Europa. En ella –Alemania, Reino Unido e Italia– transcurrió lo más largo y fructífero de mi vida académica y, a diferencia de lo que a otros suele ocurrir, el trato con diversas culturas, en vez de a enquistarme en la de mi origen, me ayudó a hacer mías las que me encontré. Y descubrí que en lenguas distintas hablábamos el mismo lenguaje, que comunes eran nuestros referentes y que la conversación fluía sin necesidad de intérprete. Me sentí en el mismo mundo del que, al dejar el mío, creí haberme alejado. Las diferencias eran compatibles y las semejanzas se sobreponían para hacernos cercanos. La pertenencia a Europa, pensé, es una condición que desborda fronteras y posee la fuerza de crear comunidad.

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