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Victoria de La Roja en el Mundial

Fútbol es fútbol... ¿y también identidad?

La selección ha sido espejo de un apego masivo y transversal que puede visualizar una forma de «nacionalismo banal»

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Los campeones, durante la multitudinaria celebración de la Copa del Mundo en las calles de Madrid.
Lourdes Pérez

El 16 de julio de 1950, el 'Negro jefe', figura imponente, liderazgo nato, arengó a un encogido vestuario con una llamada al coraje calmado: «Los ... de afuera son de palo y en la cancha seremos once contra once». Ese exterior hostil lo encarnaban decenas de miles de brasileños apiñados en Maracaná con el cuerpo de fiesta de quien solo se ve alzando la Copa del Mundial en feliz orgía colectiva. Obdulio Varela, el capitán de Uruguay, apeló a la entereza de su equipo recordando la esencia del balompié: un juego con las mismas almas sobre el césped. Pero el fútbol no ha sido nunca solo fútbol. El 'Maracanazo' aún se recuerda como el triunfo legendario no de una selección, sino de todo un país, condenado a ver su orgullo nacional históricamente encajonado entre Brasil y Argentina. Aquel día eléctrico alumbró la 'garra charrúa' como expresión de la identidad que se impone al pronóstico adverso. Ni la política ni la economía uruguayas sobrevivieron al mito futbolístico. Pero esa es otra historia.

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