¿Cansado de que salte el aceite de la sartén al freír un huevo? Prueba estos trucos
Cocinar un huevo requiere más enjundia de lo que el imaginario popular sugiere
Oviedo
El primer reproche que escucha quien no se ha acercado ni de lejos a los fogones mete en el ajo a uno de los alimentos ... más comunes. «No sabe cocinar ni un huevo frito», resume en el imaginario popular la estulticia entre sartenes. Freír el ovalado alimento debería ser una de las tareas más sencillas de la cocina. Debería pero, en realidad, no es así.
El cocinado tiene más enjundia de la que la manida frase le achaca. Para ejemplo, un botón. Existen debates eternos que atañen a la puntilla, la yema, que si más líquida, que si menos… al tipo de aceite o incluso a la temperatura ideal. Y luego está la cuestión que rara vez aparece en los recetarios, pero que cualquier cocinero doméstico conoce bien, las salpicaduras.
¿Por qué salta el aceite en la sartén?
En la práctica, freír un huevo se convierte en ocasiones en una prueba de reflejos. El aceite parece tranquilo hasta que el producto entra en la sartén y desata el bombardeo. Pequeñas gotas de grasa caliente encuentran con sorprendente facilidad el antebrazo, la mano o cualquier centímetro de piel que haya quedado al descubierto.
La explicación está en la humedad. Cuando pequeñas cantidades de agua entran en contacto con el aceite caliente, se transforman rápidamente en vapor y empujan la grasa hacia el exterior. Cuanto mayor sea esa humedad, mayor el baile.
¿Cómo evitar salpicaduras de aceite?
Buena parte de las salpicaduras que convierten un simple huevo frito en una prueba de valentía doméstica tienen, pues, su origen en la humedad y en el choque térmico. Por eso, por sorprendente que parezca, el mejor truco para que el aceite no salte no está en la sartén, sino en la nevera. O, mejor dicho, en sacar el huevo de ella unos minutos antes.
Si pierde el frío intenso de la refrigeración, el riesgo disminuye notablemente. También ayuda algo tan básico que a menudo se olvida, secar perfectamente la sartén antes de ponerla al fuego.
Hay otro truco más. Añadir una pizca de harina al aceite para que absorba parte de la humedad residual. El resultado no cambia el sabor del huevo ni altera la textura, pero transforma la experiencia, alejándola de un escenario más similar al de un campo de batalla.