Puntadas con hilo
La arquitecta invisible de la pasarela
Esther García Capdevila lleva más de 3.000 desfiles a su espalda y algunos aún le siguen quitando el sueño
Madrid
Las horas previas a un desfile son puro vértigo. Mientras el público solo disfruta de unos minutos de pasarela, detrás del escenario decenas de profesionales ... trabajan para que nada falle. Entre ese ir y venir de modelos, maquilladores, peluqueros, estilistas y técnicos, Esther García Capdevila encuentra un breve respiro durante los preparativos de una nueva edición de la Gran Canaria Swim Week. Lleva más de 3.000 desfiles a su espalda y algunos aún le siguen quitando el sueño. «Hasta que todas las piezas están en su sitio y encajan, mi cabeza no para», afirma el alma de ESMA, una empresa dedicada al diseño y producción de eventos de moda.
Lo dice alguien que lleva más de tres décadas convirtiendo colecciones en experiencias. Porque un desfile nunca es sólo una pasarela. Es un complejo engranaje en el que cada detalle cuenta y donde el público apenas alcanza a imaginar el trabajo que se esconde detrás de unos pocos minutos de emoción. Carpinteros, herreros, iluminadores, realizadores, equipos audiovisuales y estilistas trabajan durante semanas para que todo funcione cuando se encienden los focos.
Después de miles de pasarelas sabe perfectamente qué separa un desfile correcto de otro que permanece en la memoria durante años. «La diferencia está en todo lo que puedes aportar». Y ese «todo» empieza mucho antes del primer ensayo. A veces significa encontrar un espacio donde nunca antes se había celebrado un desfile. Otras, recorrer un edificio todavía en construcción e imaginar cómo será meses después. «He ido muchas veces con el casco de protección puesto esperando a que terminaran las obras para poder hacer allí un desfile», confiesa Capdevila.
Después llega el resto: diseñar una escenografía que dialogue con la colección, construir un hilo conductor donde iluminación, música, peluquería, maquillaje y estilismo formen parte del mismo relato. Incluso sumar una actuación o un cóctel que prolongue la experiencia. Esa sensibilidad también la aplica al seleccionar a quienes darán vida a las colecciones. Después de ver miles de modelos desfilar frente a ella, asegura que existe un detalle imposible de explicar que marca la diferencia.
«Normalmente, cuando veo una modelo tengo claro si va a triunfar o no». No habla únicamente de belleza. Habla de «una mezcla de presencia, actitud, magnetismo y personalidad». De esa capacidad para transformarse según el diseñador y contar una historia distinta en cada colección. «Es algo que percibes desde el primer momento. Muy pocas veces me he equivocado». Solo recuerda una ocasión en la que una modelo en la que había depositado todas sus expectativas no terminó alcanzando la proyección que imaginaba.
También ha sido testigo de la evolución de la profesión. «Lo que viví en los años 90, cuando empecé, de que una modelo no se levantara de la cama porque había salido, no me ha ocurrido más. Eso ya no ocurre -asegura-. Hoy existe una mayor conciencia de que la profesionalidad y el compromiso son imprescindibles para seguir trabajando». Ella misma mantiene una regla inquebrantable: «Lo que hagas después no me importa. Lo importante es que, si la cita es a las ocho de la mañana, estés allí cumpliendo con tu trabajo». Alguna vez ha concedido una segunda oportunidad a alguna modelo o algún modelo, pero no da una tercera.
En paralelo, también ha visto cambiar el concepto de belleza. «He trabajado toda mi vida rodeada de belleza y ese concepto ha cambiado muchísimo». A principios de los 2000 llegaron los perfiles andróginos y en los últimos diez años la moda ha abrazado la diversidad corporal y, más recientemente, la de edades. «Es un cambio social muy importante y muy positivo». Pero introduce un matiz: «Una cosa es la diversidad y otra ser modelo. No todo vale». Porque, insiste, desfilar sigue siendo una profesión que exige cualidades muy concretas: presencia, actitud, magnetismo y ese «ángel» difícil de definir que hace que una persona destaque en cuanto pisa una pasarela.
Mientras termina la conversación, los desfiles continúan. En unas horas volverán a apagarse las luces y sonará la música de Gran Canaria Swim Week. El público disfrutará apenas unos minutos de belleza cuidadosamente construida. Esther García Capdevila verá el resultado de meses de trabajo, cientos de decisiones invisibles y un equipo funcionando al unísono. Quizá por eso, después de más de 3.000 desfiles, sigue sintiendo los mismos nervios que el primer día.