Puntadas con hilo
Max Alexander, el Mozart de la moda
A sus 10 años está considerado el diseñador más joven del mundo y el pasado febrero debutó en la Semana de la Moda de París
Madrid
Max Alexander no juega a ser diseñador. Lo es. Y lo verdaderamente desconcertante de su historia no es solo su edad o el ruido viral ... que provoca ver a un niño de diez años entre tules, patrones y maniquíes, sino la naturalidad con la que habita un universo que para la mayoría resulta inaccesible. Mientras otros niños apenas empiezan a descubrir qué les gusta, él ya ha presentado colecciones en pasarelas internacionales, ha vestido a celebridades de Hollywood y ha convertido la costura en un lenguaje propio. Como si hubiera nacido sabiendo exactamente quién era.
Todo comenzó cuando tenía apenas cuatro años, edad a la que empezó a confeccionar vestidos para muñecas. No tardó en verbalizar lo que para él ya era una certeza: «Quiero ser diseñador». Y aunque la frase sonaba improbable en boca de un niño tan pequeño, lo que vino después terminó por demostrar que no se trataba de una fantasía infantil pasajera.
A los cinco años ya había creado la primera colección de su firma, Couture to the Max, que frisa los siete millones de seguidores en Instagram. Dos años después debutó en la Semana de la Moda de Denver, un hito que lo llevó a entrar en el Libro Guinness de los Récords como el diseñador más joven del mundo en presentar un desfile en solitario. La escena era tan insólita como magnética: un niño supervisando siluetas de alta costura con una seguridad impropia de su edad, ensimismado en los detalles. El vídeo se viralizó y comenzaron a calificarlo como el próximo Lagerfeld.
El pasado marzo, Max dio el paso más importante de su carrera al debutar en la Semana de la Moda de París, concretamente en el Palais Garnier. El mismo escenario donde desfilaron las prendas de John Galliano para Dior o Karl Lagerfeld para Chanel. La colección estaba compuesta por quince 'looks' de estética teatral dominados por volúmenes escultóricos, colores vibrantes y tejidos reciclados. El precoz modista participó en todo: eligió la música, seleccionó a las modelos y supervisó cada una de sus piezas, en las que tuvo la ayuda de un sastre contratado a media jornada.
Porque si hay algo que sorprende en Max Alexander no es únicamente su destreza técnica, sino la claridad con la que entiende la industria de la moda. El ático de su casa —el antiguo estudio de pintura de su madre— ahora es un taller repleto de bocetos, telas y maniquíes, aunque tuvo que adquirir uno talla 0 para adaptarse a las estrictas medidas exigidas por la pasarela parisina. Desde allí trabaja con la idea de rescatar materiales destinados al vertedero y transformarlos en piezas de alta costura. Un recordatorio de que lo que ya existe puede convertirse en algo completamente nuevo, como un paracaídas militar, retales encontrados en la mítica tienda de telas Ribes & Casals de Madrid, sacos de café o bolsas de la compra. Cada vestido tiene un nombre y una historia. Nada es improvisado.
La presencia de Max, originario de Los Ángeles, tampoco ha pasado desapercibida para Hollywood. Sharon Stone descubrió su trabajo en redes sociales cuando él tenía seis años y le encargó un abrigo blanco con alas bordadas en la espalda, una seña reconocible de sus diseños. También ha recibido el apoyo de diseñadores reconocidos como Wes Gordon, director creativo de Carolina Herrera, e Isaac Mizrahi, además de ser el protegido de Fern Mallis, considerada la madrina de la moda americana por crear la Semana de la Moda de Nueva York y ser directora ejecutiva del Council of Fashion Designers of America (Consejo de Diseñadores de Moda de América) durante una década.
La moda, además, parece formar parte de una herencia invisible. Dos años después de que comenzara a diseñar, su familia descubrió que su bisabuelo Jack, patronista de oficio, había emigrado a Montreal en 1920 con apenas cinco dólares y terminó convirtiéndose en propietario de más de cuarenta tiendas de vestidos. Un caso tan curioso como el de su bisnieto Max, que pasó en un lustro de coser sobre un maniquí de cartón a desfilar, con tan solo 10 años, en la semana de la moda más relevante del mundo.