Sabías que...
Los ángeles custodios de los mineros de La Camocha
En la mayoría de las bajantes del poblado de La Camocha se pueden advertir más de350 caras de ángeles
Gijón
A los vecinos del poblado seguro que les sonarán, pero ¿el resto de los gijoneses sabíamos de la existencia de estas caras en los canalones ... de La Camocha? No es un recurso atípico, ya que en otros poblados asturianos como el de mina Baltasara, en Mieres, también los hay.
Tras el descubrimiento de vetas de carbón, en 1930, y la puesta en funcionamiento de la mina de La Camocha, en octubre de 1935, por parte de los tres hermanos Felgueroso, estos se constituyeron como sociedad anónima y promovieron, en Aroles, la construcción de las primeras 20 viviendas unifamiliares, adosadas, entre 1943 y 1946. A mediados de la década de 1950 ya se construyeron todos los demás bloques de viviendas del poblado para los trabajadores, 100 bloques de ladrillo visto, que tienen tres plantas y están dispuestos en hileras y separados por patios abiertos de uso comunitario. En las postrimerías de la década se alzaron otras 52 viviendas protegidas de dos plantas en este caso. Al lado del pozo minero se construyeron también en estos años los 46 chalets de El Vaticano para los cuadros técnicos y otros 4 con parcela mayor para los ingenieros de la empresa.
350 protectores
En todas las calles del poblado de La Camocha hay caras de angelotes o querubines que se pueden ver fácilmente en los canalones que descienden por las fachadas. Hay más de 350 y tienen, a día de hoy, unos 70 años de antigüedad. Certezas acerca de su origen y su finalidad no se tienen del todo e incluso los vecinos que allí residen poco o nada más saben sobre el tema, salvo que ya estaban ahí cuando fueron a vivir. Aunque es conocido que la implantación, en España, de estos relieves en las tuberías comenzó con las primeras fundiciones de la Comunidad Valenciana a finales del siglo XIX: allí siguen siendo habituales y conocidas como las cares d'aigua (caras del agua), puesto que también las había con agujero de expulsión de agua, cual gárgola.
Lo que se tiene entendido es que a partir de materiales sobrantes de la mina, como zinc o plomo, fueron fundidas de manera autosuficiente esas tuberías y los propios moldes de los rostros de los ángeles, que luego fueron pintados de blanco. La misión y sentido de estas caras es que sirvieran como un símbolo de la inocencia y la inmortalidad, por un lado, y como una alegoría de la santificación y protección de las casas de esos trabajadores –y sus familias– que tanto arriesgaban su vida cada día a cientos de metros bajo tierra, como si se tratase de ángeles de la guarda. Su situación también es curiosa: en las tuberías, sí, pero concretamente en las juntas. Es decir que fueron realizados con una triple función: utilitaria, ornamental y apotropaica (alejan el mal).