Gijón
Normalmente no damos la suficiente importancia a lo que no podemos percibir con nuestros ojos y no sólo porque su tamaño no nos permita apreciarlo, ... sino porque tendemos a infravalorar lo que se encuentra por debajo de nuestros pies. Todo el mundo es consciente de los microorganismos que conviven con nosotros en el hogar –bacterias y hongos principalmente–, y por si fuera poco ya se han encargado los fabricantes de productos de limpieza de alertarnos de su existencia. ¿Y los que están bajo tierra? La gran mayoría de los microorganismos no son dañinos, de hecho, muchos son beneficiosos e indispensables para la vida humana, actuando en la digestión, en el sistema inmunológico y en la elaboración de alimentos como yogur, queso y pan. Solo una pequeña fracción, conocidos como patógenos, causan enfermedades.
Igual que los microorganismos forman parte de nuestro microbioma humano, billones de microbios viven en nuestro cuerpo, en la piel y el intestino y son esenciales para protegernos de enfermedades, y lo hacen también bajo tierra formando parte del microbioma subterráneo. En un gramo de tierra, lo que cabe en una cucharilla de café, hay más bacterias que humanos en el planeta. Estudios recientes sugieren que el suelo actúa como un banco de semillas microbiano para nosotros y que ambos ecosistemas a pesar de sus diferencias, comparten principios ecológicos fundamentales. Alguna de las principales coincidencias entre ambos son: alta diversidad funcional y genética, ambos entornos albergan comunidades de microbiomas inmensamente ricas que procesan nutrientes y materiales orgánicos. Composición taxonómica compartida: muchos de los microorganismos predominantes en el cuerpo humano –especialmente en el intestino– pertenecen a los mismos grandes filos encontrados en el suelo. Aunque el subsuelo profundo es a menudo bajo en nutrientes, la concentración de microbios activos en el suelo es comparable a la del tracto digestivo inferior humano: la exposición a la biodiversidad del suelo aumenta la microbiota intestinal, lo que se asocia con una mayor resiliencia inmunológica. Tendremos que mirar con otros ojos todo lo que está bajo nuestros pies, ya que interactúa con el ser humano diariamente, más de lo que a simple vista pudiera parecer.