Gabino de Lorenzo
Aristóteles nos habló del hombre como animal político que alcanza su plenitud natural en un contexto social (zoon politikón). Sin duda no le falta razón ... cuando nos tilda de políticos, pero también la tiene cuando nos califica de animales. Y qué decir cuando se unen ambos términos y hablamos de políticos animales. Algunos incluso guardan claras similitudes físicas y parecen dar la la razón a aquellos que defienden que el hombre desciende del árbol. ¿O es del mono? En fin, de lo que no cabe duda es que en esa dualidad, es posible distinguir entre el político animal (no creo que haga falta que cite ejemplos) , y el animal político.
El animal político –que es el que nos interesa- es una persona con gran habilidad, vocación e instinto natural para desenvolverse en el ámbito del poder, los partidos, la negociación y la vida pública. Una persona con carisma, con personalidad, con habilidad intrínseca, capaz de conectar con la ciudadanía, apto para identificar sus necesidades y satisfacerlas. En suma, una persona con una capacidad y destreza extraordinarias y fuera de lo común para manejarse en la vida pública, ganar elecciones y arrastrar masas.
Hace unas semanas circulaba por la red una suerte de encuesta con la que se trataba de verificar cuál había sido el mejor alcalde de Oviedo. Una mayoría aplastante de ciudadanos que se confesaban votantes de todas las opciones políticas, se inclinaron por elegir como mejor alcalde de Oviedo a Gabino de Lorenzo. Soy de la misma opinión.
Para mí fue un auténtico 'animal político' en el que confluían todas las cualidades descritas, además de su carácter campechano, afable y cordial. Le dio la vuelta a la ciudad como si fuera un calcetín. Peatonalizó el centro histórico y comercial a pesar de la oposición inicial que luego se transformo en aplauso. Convirtió Oviedo en un referente nacional e internacional de ciudad limpia, accesible y paseable. Cambió radicalmente su aspecto. Los edificios cutres de aspecto sucio y abandonado, dejaron paso a fachadas relucientes. Prestó una atención especial a los barrios y singularmente a la hasta entonces olvidada zona rural. Modernizó e impulsó estructuras estratégicas. Bajo su mandado se desarrollaron proyectos como el Auditorio Príncipe Felipe, el Palacio de Congresos, la recuperación de espacios públicos y la expansión de zonas verdes y de ocio. Apostó por el embellecimiento urbano mediante esculturas a pie de calle que hoy se han convertido en itinerarios turísticos obligados para quienes visitan nuestra ciudad. La Losa, el campo de fútbol, el campo de golf, la Real Banda de Gaitas, la red de centros sociales, las piscinas del Parque del Oeste, las de San Lázaro, las de Las Caldas, la Escuela Municipal de Música, el Palacio de los Niños, el Polígono de Olloniego y un sin fin más de obras útiles y bien hechas.
Su estilo de gestión personalista y cercana le hizo lograr cuatro mayorías absolutas consecutivas (gobernó seis mandatos) que reflejaron su conexión con una parte mayoritaria de la ciudadanía y que justifican su elección como mejor alcalde de Oviedo. Enhorabuena.