Ser parte de algo importante
148 años después de su fundación, el decano de la prensa asturiana continúa pilotando una manera propia de entender la información para una sociedad inconformista y combativa como es la asturiana
Gijón
La primera vez que firmé en este periódico tenía siete años. Fue a través de esos dibujitos infantiles que se publicaban cada semana en la ... sección 'El Raitán', para la que había lista de espera. El día que al fin vi mi nombre y apellidos en papel de prensa me sentí parte de algo tan importante que llegué a pensar que me mirarían por la calle. En la cafetería, adonde ese domingo fui con mis padres a tomar un aperitivo, me detuve un instante a observar atentamente a un hombre que leía el periódico para ver si se detenía en mi ilustración. No lo hizo y pensé con tristeza en lo complicado que era captar la atención de un lector. Ahora ese viejo trozo de papel es de color sepia y reposa entre las páginas de un libro como una señal inocente del destino.
Casi cinco décadas después les saludo, queridos lectores, queridas lectoras, como directora de este periódico al que, como han leído, me siento tan vinculada desde niña. El periodismo llegaría mucho más tarde de aquella anécdota, pero reflexionando sobre ella sigo pensando en lo mismo: qué difícil es captar la atención de los ciudadanos. En esa pelea sobrevivimos quienes hacemos este periódico cada día. No hay más secreto en este bello oficio.
Pero al periodismo le tocan tiempos difíciles. Leía estos días el informe de Reporteros Sin Fronteras sobre la libertad de prensa y causa desasosiego. Ni siquiera en los países con regímenes democráticos se pueden escapar la prensa y los periodistas de la coacción. Ruboriza ver que presumamos de pertenecer a un mundo de bienestar y libre pensamiento y, sin embargo, este ranking nos sitúe en algunas cuestiones frente al espejo de las dictaduras más crueles con sus ciudadanos. Si lo piensan, no es casualidad que lo primero que se coarta para atajar el espíritu crítico sea la libertad de prensa. El asunto es si el golpe será reversible y los mismos que someten a su criterio a los medios de comunicación para perpetuarse en el poder perderán algún día sus propios derechos. Todo es sentarse a esperar.
No es baladí eso de 'dar la cara' en las arenas movedizas de la hiperconexión digital y el ruido
Mientras tanto, LA VOZ DE AVILÉS-EL COMERCIO sigue su singladura. Nada, ningún contexto ni cambio variará ese viaje con la verdad como brújula. Es más, 148 años después de su fundación, el decano de la prensa asturiana continúa pilotando una manera propia de entender la información para una sociedad inconformista y combativa como es la asturiana. La nuestra es una forma de proceder sin sucumbir a provocaciones y poniendo siempre por delante el derecho del ciudadano a la información. Una conducta que pasa por elevar el tono y no por subir la voz.
La apuesta es firme y, por eso, nos reinterpretamos para envolver ese tono propio y diferencial en un nuevo diseño. Desde el pasado 28 de abril pusimos en marcha un renovado proyecto editorial que se traduce en sutiles cambios de imagen, estilos y hasta de una tipografía exclusiva.
La apuesta va más allá de un cambio estético. Implica un salto en la manera de comunicar adaptada a los tiempos que corren. Optamos por una puesta de largo para renovar nuestros votos con los lectores. Un compromiso con la perseverancia en nuestro propósito por informar a una sociedad ávida de referentes, rigor, solvencia y profesionalidad. Los asturianos siempre han encontrado en nuestro diario esos valores y seguirán encontrándolos cada día con absoluta garantía.
Ahora bien, continuar trabajando con autonomía para hacerles llegar las claves de la realidad por medio de información en tiempo real, exclusivas, entrevistas, reportajes y amplias coberturas de acontecimientos relevantes solo es posible con el apoyo real de esa sociedad a la que queremos llegar.
Esa es la noble intención del equipo de periodistas que dan la cara a diario tanto en sus páginas como en su edición digital. Y hago hincapié: no es baladí eso de 'dar la cara' en las arenas movedizas de la hiperconexión digital, la saturación de mensajes, el ruido, los bulos anónimos y las 'fake news'. Detrás de cada firma persiste aquella sensación de sentirse parte de algo tan importante como lo que sintió aquella niña de siete años. Es la respetuosa y responsable consecuencia de sentirnos una parte importante en las vidas de quienes nos leen, de todos ustedes y eso, queridos lectores, queridas lectoras, nos viene en el ADN.