Ni fachas ni racistas
Gijón
Llamar racistas y xenófobos a los miles, millones, de personas que el miércoles se manifestaron en apoyo a Ceuta es lo mismo que culpar a ... las personas, sí, personas, que llevan un mes hacinadas en la frontera de invadir España. Estoy de acuerdo en una cosa con Rufián: «tenemos un problemón»; y el problemón no se resuelve insultando a la inteligencia de los ciudadanos. Cualquiera con dos dedos de frente podía sospechar que tras el vergonzoso silencio administrativo del gobierno marroquí (ahora voy con el nuestro, un momento) había algo más. Pero ya no hay que sospecharlo porque informes policiales lo certifican por más que el ministro Marlaska, primero, y el presidente Sánchez, después, se empeñen en negarlo. Por no hablar de lo curioso que resulta que ambos se enteren de todo por la prensa. Claro. Por no seguir con que las explicaciones llegan con un mes de retraso, bronceado mediante. Buf.
Lo del 'Cara al sol' brazo en alto y los gritos insultado a la madre del presidente de un gobierno democrático, sea quien sea, haga lo que haga, tampoco ayuda. De hecho, lejos de ayudar, complica, y bastante, la situación de los ceutíes y, de paso, de los marroquíes abandonados por su gobierno a su suerte, porque son justo esos descerebrados los que están alimentando la bestia del 'conmigo o contra mí' que tan bien les viene a quienes en lugar de administrar un país se dedican a echarle la culpa de su incompetencia al contrario.
Los ciudadanos, yo al menos, estamos hasta la peineta de que nos llamen fachas si pedimos explicaciones y racistas si queremos emigrantes, cómo no vamos a quererlos si los necesitamos y, además, somos hijos y nietos de emigrantes, pero una emigración controlada, porque mientras no inventemos otro modo de organizarnos no nos queda otra que tener fronteras. Pero también estamos hartos de fachas y de racistas. No sé si me explico.