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La gente sana de Correos

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Ramón Avello

El miércoles pasado tuve que enviar unas llaves a Andalucía, por el procedimiento más rápido posible. Acudí a Correos, una oficina cercana al parque de ... Isabel la Católica, y me admiró la laboriosidad, muy profesional, de las cuatro personas que atendían al público que en aquel momento abarrotaba la oficina. Cuando me llegó el turno, un amable empleado me resolvió la gestión del envío. El sobre acolchado, en vez de la caja de cartón; fijar las llaves con celo y escribir todos los datos de a quién se remite, y quién lo emite, es decir, un servidor. A los pocos minutos de salir de Correos, recibí una llamada de la oficina que acababa de dejar. «Usted se fue en estampida, y se olvidó de recoger la vuelta, el resguardo y el periódico que dejó en el mostrador», me dijo el empleado. Regresé, le quise dejar la vuelta, un par de euros, y me respondió: «No podemos aceptar propinas porque sería ilícito y, además, a nosotros nos paga el Estado».

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