La gente sana de Correos
El miércoles pasado tuve que enviar unas llaves a Andalucía, por el procedimiento más rápido posible. Acudí a Correos, una oficina cercana al parque de ... Isabel la Católica, y me admiró la laboriosidad, muy profesional, de las cuatro personas que atendían al público que en aquel momento abarrotaba la oficina. Cuando me llegó el turno, un amable empleado me resolvió la gestión del envío. El sobre acolchado, en vez de la caja de cartón; fijar las llaves con celo y escribir todos los datos de a quién se remite, y quién lo emite, es decir, un servidor. A los pocos minutos de salir de Correos, recibí una llamada de la oficina que acababa de dejar. «Usted se fue en estampida, y se olvidó de recoger la vuelta, el resguardo y el periódico que dejó en el mostrador», me dijo el empleado. Regresé, le quise dejar la vuelta, un par de euros, y me respondió: «No podemos aceptar propinas porque sería ilícito y, además, a nosotros nos paga el Estado».
Esto sucedió en Correos, una de las empresas estatales más antiguas del país, con más de tres siglos a sus espaldas. Entre 2018 y 2023, en el proceso de colonización de las empresas públicas propiciada por el gobierno de Pedro Sánchez, se nombró presidente a Juanma Serrano, de la vieja guardia de PS. En esos cinco años, Juanma percibió un millón de euros, mientras que Correos acumuló mil millones de pérdidas. El préstamo a Carlos Barrabés, el empresario del caso Begoña, la contratación a dedo y medida de Leire Díez, la hiperactiva fontanera de las cloacas, y una gestión descabellada son factores que explican el hundimiento de Correos bajo Serrano.
Es admirable que ese pudrimiento de la cabeza de Correos, haya mantenido un cuerpo sano con una honradez sin mácula, como se puede comprobar en los empleados de cualquier oficina. En Francia, los directores generales de los ministerios son puestos técnicos y administrativos, al pairo del Gobierno de turno. En España, los cargos directivos de todas las empresas públicas son puestos políticos, concebidos como premios o gratificaciones, y que no conllevan responsabilidades en la gestión. Cómo evitar esto, que es el primer estadio de la corrupción. Mirando a Francia y promocionando a la buena gente que trabaja en correos y en las empresas públicas.