Hasta en el reciente eclipse se han dado dos Asturias contrapuestas. Una costera, cubierta por la nube y la otra, interior y de altura, despejada ... por el sol. El pasado miércoles, yo estaba en la primera, la de la típica neblina gris. Poco antes de las seis de la tarde, decidimos ir hacia los montes de Tineo, para ver el evento con su sol y sombra. No fuimos los únicos. En la carretera de La Espina, sin llegar a estar colapsada, los coches circulaban con lentitud en caravana. Como conozco bien la zona, decidimos ir por carreteras muy secundarias, algunas veces caleyas, poco recomendables para el coche. Así, llegamos a La Silva, un pequeño caserío en un alto, cerca de Tuña, cuyos parajes cercanos son una atalaya del concejo de Tineo. El sitio era idóneo para el eclipse. Primero por el sol, brillante y que disipaba las pocas nubes de alrededor, luego por la poca gente que había y, finalmente, por varias vacas pastando, lo que daba al lugar un carácter bucólico.
¿Cuál fue el comportamiento de los humanos? Silencioso y contemplativo, salvo un pequeño grupo que nos daba la tabarra con una selección de cuatro o cinco canciones que se repetían en bucle en su móvil. Entre ellas, 'Moliendo café', que les debió parecer conveniente para la ocasión por la letra que empieza 'Cuando la tarde languidece renacen las sombras'. El compositor Murray Shafer, creador de conceptos como la polución sónica y la contaminación acústica, cada vez más acrecentados, escribía sobre el silencio como un valor fundamental para que el sonido adquiera su significado. El silencio se ha sustituido por un fondo de música ambiental que hace que el sonido, incluso la propia música carezca de sentido.
Huyendo de las canciones, me acerqué a donde estaban las vacas. Cuando la luna mordía la mitad del sol, las vacas empezaron a encaminarse, guiadas por la vaca madre, hacia el establo. Cuando llegó el eclipse total, se pararon, algo desconcertadas y en silencio, cerca de donde la pareja escuchaba la molienda del café. El sonido del móvil me llegaba muy apagado, casi inaudible. Pero lo que escuché en la breve oscuridad fue el mugido claro y potente de la vaca. Un 'muu' natural que valía más que toda la selección de canciones para el eclipse.