'Millennial mal': Ponte en mi lugar
Una mujer que ha traspasado la barrera de los 40 se hace pasar por una joven para aprovechar una beca universitaria otorgada accidentalmente en esta comedia de espíritu alternativo
Las comparaciones son odiosas y 'Millennial mal', la nueva serie española de Filmin de producción propia, se ha estrenado tan solo unas semanas después de ' ... Se tiene que morir mucha gente', cuya trama no tiene mucho que ver, pero también está detrás una cómica de conocida carrera artística. El lanzamiento de Movistar Plus+, con una segunda temporada ya confirmada, parte del libro homónimo de Victoria Martín, la mitad del popular pódcast 'Estirando el chicle' y parte importante del proyecto Living Postureo, cuyas piezas humorísticas se viralizaron en internet parodiando, precisamente, a la generación millennial. Detrás de la novedad que nos ocupa está la actriz y guionista Lorena Iglesias, de trayectoria igualmente inquieta y activa, pero más alternativa. Recientemente hemos podido verla en 'Balearic', filme excéntrico de Ion de Sosa que no deja indiferente. Antes ha participado en hitos independientes como 'Esa sensación', 'Berserker', 'Gente en sitios' o 'Todos tus secretos', producciones más que recomendables, aunque realmente se dio a conocer en ciertos círculos culturales disyuntivos formando parte del colectivo Canódromo Abandonado, responsables de 'La tumba de Bruce Lee', otra maravillosa rareza cinematográfica.
'Millennial Mal' llega tarde, pero llega –el proyecto lleva varios años buscando financiación–, con cinco capítulos de media hora cada uno que conforman un Filmin Original que se une a propuestas como 'Selftape', 'Doctor Portuondo' o 'Autodefensa', sugestivas iniciativas entre la avalancha de ideas fotocopiadas que inundan las plataformas en 'streaming', con un denominador común: la modestia en los medios. Aquí, a pesar de no gozar de un presupuesto abultado, figura Tornasol en los créditos, una de las productoras más veteranas y solventes de nuestro cine y televisión ('Raqa', 'Detective Touré', 'La buena suerte').
Iglesias cofirma la dirección con Andrea Jaurrieta, máxima artífice en su día de una curiosa producción independiente, 'Ana de día', por la que obtuvo una nominación al Goya a la mejor dirección novel, antes de llamar la atención definitivamente con 'Nina', donde la protagonista del relato que da nombre al filme, interpretada por la genial Patricia López Arnaiz, remueve secretos del pasado y se topa con la memoria de su infancia al volver al pueblo con una escopeta en el bolso para rendir cuentas.
Cameos molones
La premisa de 'Millennial mal' recuerda a muchas comedias estadounidenses donde el conflicto intergeneracional estalla cuando hay un intercambio de cuerpos por razones sobrenaturales, pero va más allá hurgando en heridas generacionales. Aquí no hace falta una excusa fuera de la realidad. La protagonista, encarnada por Iglesias, una bibliotecaria cuarentona sumida en el tedio, se ve en la tesitura de volver a la universidad gracias a una beca que recibe con años de retraso debido a un extraño error burocrático que le abre las puertas a una posible nueva existencia, más acorde a sus sueños de antaño. Lejos de rechazar la oferta, decide exprimirla, pero para ello debe hacerse pasar por una joven de su tiempo. Expresiones coloquiales rimbombantes del adolescente de hoy hacen acto de presencia en un mundo complejo donde estar a la última deviene un acto dramático.
Las situaciones cómicas de la intranquilizadora 'Millennial mal' vienen del choque entre la señora que se quiere hacer pasar por una joven estudiante y la realidad, con algunos momentos inspirados. Cuando la protagonista se cree su propio engaño es cuando estalla el absurdo. El patetismo como fuente de humor inquietante. Acompañan a Iglesias, cómoda en su papel en el show millennial vs. generación Z, algunos cameos ilustres como el del músico 'destroyer' Ben Yart, exmiembro de Chill Mafia.
Vito Sanz, habitual en el cine de Jonás Trueba, es el contrapunto sentimental, mientras la inefable Isa Calderón, la mitad delirante de 'Deforme semanal', interpreta a la amiga del alma de la perdida protagonista, debutando como actriz de ficción con nota.
Temas como la precariedad, la obsesión por la imagen o la rutina vital vertebran un producto que puede entenderse como el reverso desasosegante de una comedia universitaria a la americana, más vitriólica e impredecible. Los problemas generacionales están sobre la mesa, con sus desencuentros y sus puntos en común. La evidente crisis de identidad no se retuerce hasta límites turbios, lo que hubiera añadido picante al desarrollo del argumento. No van por ahí sus intenciones, pero la obsesión por alargar la juventud está presente, sin la necesidad de explotar alarmismos, señalando igualmente una de las grandes cargas mentales de nuestra época, atravesada por las traumáticas redes sociales. Un visionado recomendable para entender un presente convulso desde una perspectiva diferente que ojalá despierte más filias que fobias y podamos conocer en una siguiente entrega cómo evolucionan las tribulaciones de la singular protagonista.