Abogadas al rescate
Cinco claves para no convertirte en la próxima víctima de una estafa este verano
Las vacaciones son la temporada preferida de muchos delincuentes: reservas falsas, mensajes que aparentan ser de tu banco o de empresas de transporte y ofertas irresistibles que consiguen que bajes la guardia y pueda salirte muy caro
Hay algo que cambia cuando nos encontramos disfrutando del verano sin que apenas nos demos cuenta y no es que sea negativo salvo para determinadas ... cosas. Nos relajamos. El verano es un momento en que planeamos las vacaciones, buscamos alojamientos, compramos billetes, reservamos actividades, hacemos más compras por Internet y utilizamos el teléfono móvil prácticamente para todo. Vivimos con menos prisas, pero también con menos nivel de alerta. Y precisamente esa combinación es la que convierte los meses de verano en una oportunidad perfecta para quienes viven de engañar a los demás.
Seguramente a la mayoría de nosotros nos ha llegado en alguna ocasión un mensaje, un correo, una llamada, una publicidad en una red social en la que se nos invita a dar nuestros datos para entrar en un sorteo, recibir un premio, una cantidad de dinero, un contrato de trabajo o de otro tipo sumamente ventajoso o simplemente como una forma de evitar que se cancelen nuestras tarjetas o nuestras cuentas bancarias. Las posibilidades son infinitas y, en consecuencia, los riesgos también.
Hace años las estafas eran relativamente fáciles de identificar. Llegaban en forma de llamadas sospechosas o de correos electrónicos plagados de errores ortográficos. Hoy la realidad es muy distinta. Los delincuentes copian páginas web oficiales, utilizan logotipos idénticos a los auténticos, envían mensajes que parecen proceder de nuestro banco o de empresas de transporte y son capaces incluso de suplantar la identidad de familiares, amigos o administraciones públicas. La tecnología ha mejorado mucho, la inteligencia artificial también se puede utilizar para mejorar los engaños y, por tanto, las estafas son más difíciles de detectar.
¿Qué podemos hacer para evitar ser víctimas? No hay una lista de consejos perfecta porque, en la misma medida que conocemos el modus operandi de una determinada estafa, aparecen nuevas con fórmulas diferentes. No obstante, en un mundo en el que la digitalización cada vez es más intensa, es imprescindible adoptar determinadas medidas de protección, necesarias para ir esquivando, en lo posible, cualquier intento de timo. Además, no hay que olvidar que, aunque hay malos muy malos, hay malos muy buenos que son capaces de realizar copias casi perfectas de páginas, de logos, de organismos oficiales... para hacernos creer que son los auténticos. Aún así, nosotros podemos ser mejores y aplicar, al menos, alguna de estas recomendaciones:
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1
Desconfía de todo aquello que parezca demasiado bueno para ser verdad
El verano es el momento de las grandes ofertas. Billetes de avión, apartamentos, alquiler de vehículos, entradas para espectáculos o paquetes vacacionales llenan Internet con descuentos muy llamativos. Y precisamente ahí reside uno de los mayores riesgos.
Los estafadores saben que las decisiones relacionadas con las vacaciones suelen tomarse con rapidez y juegan con esa urgencia para ofrecernos oportunidades aparentemente irrepetibles. Conviene recordar una regla que rara vez falla: nadie regala dinero, vacaciones o productos de gran valor a cambio de nada y ninguna empresa seria vende de forma permanente muy por debajo del precio de mercado. Cuando una oferta resulta extraordinariamente ventajosa, lo extraordinario suele ser el riesgo que asumimos. Si pretendemos ir de listos contratando o percibiendo algún tipo de premio de esta manera existe una alta probabilidad de que seamos nosotros los perdedores. Mucho cuidado con dar datos personales y, sobre todo, datos económicos en respuesta a este tipo de promesas u ofertas.
Antes de realizar cualquier pago, verifica quién está detrás de la página web, busca referencias independientes, comprueba que existe un domicilio real y desconfía especialmente de quienes exigen pagos inmediatos mediante sistemas difíciles de rastrear o recuperar.
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2
Tu banco nunca te pedirá las claves por un mensaje
Es probablemente la estafa más conocida y, sin embargo, continúa siendo una de las más eficaces.
Un SMS nos informa de que nuestra cuenta ha sido bloqueada. Un correo electrónico anuncia un acceso sospechoso. Una llamada urgente nos advierte de un supuesto fraude y nos pide actuar inmediatamente. El objetivo siempre es el mismo: provocar preocupación para que actuemos sin pensar y sin comprobar quién se encuentra realmente detrás.
Debemos tener muy presente una idea muy sencilla pero muy eficaz. Ninguna entidad bancaria solicita por teléfono, por correo electrónico o mediante un mensaje nuestras claves personales, códigos de verificación o contraseñas de acceso. Si recibimos una comunicación de este tipo, lo más prudente no es responder, ni pulsar sobre el enlace que incorpora, sino contactar directamente con nuestra entidad utilizando los canales habituales.
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3
Antes de hacer clic, comprueba quién está realmente al otro lado
La sofisticación de muchas estafas hace que las páginas falsas sean prácticamente idénticas a las originales.
Sin embargo, casi siempre existe algún detalle que permite descubrir el engaño. La dirección del correo electrónico suele contener pequeñas variaciones, la página web puede utilizar un dominio extraño, el número de teléfono desde el que se envía el mensaje no coincide con el habitual o simplemente encontramos errores de redacción impropios de una empresa u organismo oficial.
La recomendación es sencilla: si tienes la más mínima duda, no continúes navegando desde ese enlace. Cierra la página y accede tú mismo escribiendo la dirección oficial en el navegador o utilizando la aplicación que ya conoces.
En materia de compras por Internet, lo más interesante es contar con una tarjeta tipo «e-cash», que puedes recargar con una cantidad concreta, evitando el acceso a las tarjetas habituales. Además, de este modo, solo se pone en riesgo el importe concreto con la que la hayamos recargado.
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4
El verano también es la temporada alta de las suplantaciones de identidad
Cada vez son más frecuentes los mensajes enviados supuestamente por un hijo, un hermano o un amigo que ha cambiado de teléfono y necesita una transferencia urgente. También proliferan los perfiles falsos en redes sociales, los anuncios de viviendas vacacionales inexistentes o las comunicaciones que aparentan proceder de organismos públicos. En todos estos casos el mecanismo psicológico es el mismo: generar confianza para obtener dinero o datos personales.
Nunca facilites información sensible ni realices un pago únicamente porque quien te escribe dice ser alguien conocido. Compruébalo siempre antes. Una llamada telefónica al número habitual o un simple mensaje por otro canal puede evitar un fraude. Y si descubres que alguien está utilizando la identidad de otra persona para cometer estafas, comunícaselo inmediatamente para que pueda adoptar las medidas oportunas y presentar la correspondiente denuncia.
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5
Si, a pesar de todo, eres víctima de una estafa, actúa con rapidez
Nadie está completamente a salvo. Pensar que solo caen quienes son poco cuidadosos es un error. Los delincuentes perfeccionan constantemente sus métodos y utilizan herramientas cada vez más sofisticadas para resultar creíbles. Por eso, si alguna vez descubres que has sido víctima de una estafa, lo peor que puedes hacer es sentir vergüenza y guardar silencio.
Denunciar no solo aumenta las posibilidades de investigar los hechos y recuperar parte del perjuicio sufrido. También contribuye a evitar que otras personas pasen por la misma situación.
Si el fraude afecta a cuentas bancarias o tarjetas de pago, además de acudir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, resulta imprescindible comunicar inmediatamente lo ocurrido a la entidad bancaria, bloquear los medios de pago afectados y modificar todas las contraseñas que puedan haber quedado comprometidas. Que actúes con la mayor rapidez posible siempre juega a tu favor.
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La mejor protección sigue siendo la prudencia
Vivimos en una sociedad cada vez más digital y eso nos ofrece enormes ventajas, pero también nuevos riesgos. Los delincuentes ya no necesitan forzar una puerta o romper una cerradura. Les basta con conseguir que seamos nosotros quienes les abramos la puerta facilitándoles nuestros datos.
El verano debería ser sinónimo de descanso, no de problemas.
No hay una fórmula mágica para sortear las múltiples estafas que están en funcionamiento pero podemos ir evitándolas si no bajamos la guardia. En mejor pecar de desconfiados y confirmar la información que ofrecer nuestros datos al primero que nos los pida por mucha apariencia de autenticidad que presente.