El lince ibérico aparece en Álava
Una cámara de fototrampeo puesta por un ganadero de Campezo grabó un video el pasado diciembre que confirma la presencia de una especie nunca antes vista en el territorio
Lukas Otaegui
Vitoria
Campezo y sus alrededores se han convertido en el centro de las miradas de los biólogos y otros amantes del mundo animal. Una cámara de ... fototrampeo ubicada en los alrededores de una granja de esta localidad alavesa ha capturado las imágenes de un lince ibérico, lo que supone la evidencia oficial de la primera visita al País Vasco de este emblemático félido protegido, según reveló ayer el grupo naturalista Hontza. Este hito hay que agradecérselo a la inquietud de un ganadero de Montaña Alavesa que colocó una cámara el pasado diciembre en su terreno para conocer qué fauna merodeaba por allí por las noches y acabó grabando por unos instantes la imagen de un animal fuera de lo común.
De hecho, no pudo reconocerlo en primera instancia. Después de consultarlo con su círculo cercano, la posibilidad de que fuera un lince ibérico ganaba fuerza entre los ganaderos locales. No llegaron a un consenso y pusieron a circular el vídeo en busca de respuestas. Hasta que, dos semanas después, llegó a las manos de Arturo Rodríguez, de Hontza Natura Elkartea, que pudo confirmar que aquel curioso agricultor había capturado algo inédito.
Históricamente, nunca se ha podido confirmar el asentamiento de esta especie de lince (‘Lynx pardinus’) en tierras vascas. Sí que hay registros del boreal (‘Lynx lynx’) autóctono del norte de los Pirineos, que recorrió y vivió en Euskadi durante varios siglos. Estos mamíferos carnívoros, más pesados y más grandes que los ibéricos, eran comúnmente denominados como ‘tigres’ y se podían encontrar en el Gorbea, Aizkorri y Aratz entre los siglos XVII y XIX.
Hay registros de 1837 que relatan cómo un vecino de la localidad alavesa de Villanañe cazó una «pantera» y con el pasar de los años se averiguó que se trataba de un lince. Sesenta reales valía la caza de una pieza que, en aquella época, consideraban una alimaña y que más tarde han sido objeto de protección por peligro de extinción.
En Euskadi, por tanto, el último lince boreal desapareció sobre el siglo XIX. A principios de 1981, miembros del Grupo Espeleológico Alavés se adentraron en la sima del Puente, en Ayala, y encontraron un gran cráneo y un fémur de uro en buen estado. Más tarde, en esta misma ubicación, espeleólogos del Grupo Abetxukoko Espeleomendi Taldea (GAET) hallaron los restos de un felino y, basándose en la presencia sobre los huesos de un característico hongo necrófago, dedujeron que se trataba de un lince que había muerto entre 1930 y 1950. Unos datos que retrasaron un siglo la desaparición del ‘tigre’ de tierras alavesas.
El fantasma de la noche
Casi medio siglo después, el lince vuelve a pisar nuestro territorio, pero no se le esperaba. Desde Hontza Natura Elkartea creen que se trata de un ejemplar reintroducido en el sur peninsular o Portugal, que ha acabado en Montaña Alavesa tras un gran recorrido. No obstante, a pesar de que este animal portase un collar de seguimiento, todavía no se puede saber con exactitud de dónde proviene. Lo que sí se puede confirmar es que su largo viaje tuvo una parada en Campezo. «Es la primera visita, o no, de un lince en nuestro territorio en los últimos siglos. Y tenemos un vídeo que lo constata», se enorgullece Arturo Rodríguez en nombre de Hontza.
Rodríguez lo denomina ‘el fantasma de la noche’, porque se trata de un animal nocturno que puede recorrer miles de kilómetros sin que nadie lo vea. Los collares de seguimiento, con el que también contaba el ibérico de Campezo, pueden monitorizar todos sus movimientos en tiempo real. Lo que permite saber que, en ocasiones, son capaces de recorrer toda la península. Como ‘Litio’, que tardó 19 meses para viajar del sur de Portugal hasta el Bajo Llobregat en Barcelona; o el de otro lince liberado en los Montes de Toledo en 2014 y que fue fotografiado en La Rioja en 2015 tras haber recorrido cerca de 3.000 kilómetros.
Puede ser que el ‘fantasma de la noche’ haya estado en nuestro territorio más tiempo y veces de las que se piensa. Lo que está claro es que las imágenes de Campezo convierten esas suposiciones en hechos. En este caso, un vídeo vale más que mil palabras y puede ser, quién sabe, que sea el primero de muchos más paseos de linces por Álava.