Un chaparrón de tambores
La Tamborrada se consolida en el horario de tarde con menos público y un desfile rápido desde la Torre de Doña Otxanda hasta la plaza de España deslucido por la lluvia
El tardeo está de moda en Vitoria y hasta la Tamborrada se apunta a la tendencia. La cita se ha consolidado hoy en su horario ... vespertino tras una exitosa prueba piloto en 2025 con motivo de su 50 aniversario. Pero esta vez un intenso aguacero ha deslucido un recorrido demasiado rápido y con bastante menos público que en la edición anterior. Chubasqueros transparentes y paraguas han sido los invitados que nadie quería allí pero que iban siendo cada vez más necesarios según pasaban los minutos.
Cuando todavía faltaba una media hora para el comienzo del desfile, decenas de cocineros, soldados, cantineras y 'majorettes' se concentraban en los alrededores de la Torre de Doña Otxanda. Entre ellos, muchos veteranos pero también primerizas como Arrate Rojo. «Desde txiki he vivido el ambiente de sociedad y siempre me ha apetecido participar en la Tamborrada desde dentro. Me hace muchísima ilusión esta primera vez aunque los nervios son inevitables», confesaba esta treinteañera rodeada de sus compañeros de Buztinzuri, entre ellos su padre Tomás. En su caso no se han esperado a esta noche para catar los perretxikos, ayer ya almorzaron en el txoko un revuelto de categoría.
Con una cerveza en la mano miraban al cielo la cuadrilla de la sociedad Celedón mientras esperaban el pistoletazo de salida. «Contábamos con que podía llover... es lo que hay», se resignaban Borja Contreras, Yolanda Rueda, Ana Santamaría, Esther Villarreal y Alfonso Roa sin perder el ánimo. Llevan un par de meses ensayando dos días a la semana y el agua no les iba a asustar. «En mi caso es la primera vez, así que intentaré camuflarme entre la multitud por si meto la pata», reía Ana. Los cinco coincidían en aplaudir el cambio de horario. «Es un acierto. Sobre todo para la gente mayor y los niños, antes se hacía demasiado tarde y había muy poco público al final», trasladaban.
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Compartían la misma opinión las hermanas María y Aroa Cuenca y Eli Ogayar, 'majorettes'. «Acabábamos a las tres de la mañana y se quedaba muy desangelado», admitían. Han acabado caladas, pero sin perder la sonrisa ni la profesionalidad ni un minuto. «Para mí es un orgullo salir en la Tamborrada. Te diría que es la noche más especial de todo el año», afirmaba tajante María. «Al final nos conocemos todos, somos como una pequeña gran familia y hay muchísimo cariño. Hay gente con la que te ves de año en año y es muy guay», añadía Eli.
A las 19.00 horas en punto empezaban a retumbar los tambores bajo las órdenes de Leire Betolaza en su papel de directora por quinto año. En las calles Siervas de Jesús y Diputación, resguardado bajo los soportales, se congregaba el público para seguir el recorrido que avanzó hasta la plaza de España. Había mucha menos gente que el año pasado, pero entre los presentes la mayoría agradecía el horario vespertino. «El año pasado no pudimos venir porque estábamos de vacaciones pero hoy nos hemos animado porque es por la tarde. Si no, con niños sería imposible», coincidían Janire y Javi acompañados de los pequeños Unax y Maddi, todavía en el carrito. A pocos metros, Enara y su abuela Pilar asistían a la Tamborrada para ver desfilar al abuelo. «Lleva días aporreando el tambor en casa, no nos lo podíamos perder aunque esté tan desagradable», confesaba la orgullosa amama protegida bajo el paraguas.
Los más txikis aprovecharon la ocasión para seguir el paso de la marcha con sus pequeños tambores y gorritos de cocineros. Además de ellos familias, adolescentes, matrimonios de mediana edad y jubilados no quisieron perderse el recorrido a pesar de las intensas precipitaciones que iban a más según avanzaban las manecillas del reloj. Los primeros participantes completaron el recorrido en apenas 15 minutos y cuando alcanzaron la plaza de España, cocineros, soldados, 'majorettes' y cantineras no tuvieron más remedio que cobijarse bajo los soportales. La idea era tocar en la plaza pero no pudo ser; eso sí, la música siguió sonando a resguardo. «¡Que es solo agua!», gritaban un par de veteranos mientras aporreaban sus instrumentos al son de la canción de Celedón y muchos espectadores grababan la escena con sus móviles. «Ha sido demasiado rápido, pero qué le vamos a hacer. Estamos en Vitoria y no nos vamos a asustar», decían optimistas Patxi y Eduardo mientras se refrescaban la garganta.
Una edición «peculiar»
Leire Betolaza, directora de la Tamborrada, definió la de este año como «peculiar». Le tocó escurrir los guantes, totalmente empapados, y sacudirse las gotas de la chaqueta verde nada más alcanzar los soportales de la plaza de España. «Lo peor ha sido que hemos tenido que esquivar mucho charco, y lo bueno que hemos podido avanzar sin grandes dificultades porque el público estaba apartado a los lados», resumía. Entre saludos, besos y abrazos, Betolaza debatía con sus compañeros si realizar una ronda por debajo de los tejados hasta que diera inicio la Retreta a las 20.00 horas. Finalmente decidieron que era inviable por toda la gente que se agolpaba allí, a los que había que sumarles las mesas y sillas de algunos bares.
Tras hacer acto de presencia en la Retreta, los miembros de las sociedades se dispersaron para cenar cada uno en su txoko. La mayoría apostó por el menú tradicional de caracoles y revuelto de perretxikos para recargar fuerzas. Y tras la cena, casi sin tiempo para la sobremesa, cocineros y cocineras volverán a empuñar las baquetas para desfilar antes de la medianoche por el centro y el Casco Viejo tras su paso por la Retreta de la Diputación. Será la segunda Tamborrada del día, esta vez nocturna como era lo habitual hasta ahora. La fiesta continuará mañana con más fuerza en las campas de Armentia.