25 años de la gesta del Alavés en Europa
El Alavés vuela hacia la gloria
Los albiazules se plantaron en la final de la UEFA tras barrer al Kaiserslautern. Nada parecía pararles, ni siquiera a Ondarru, que se quedó «en chándal y con lo puesto» cuando perdieron su maleta
Ni la cómoda renta del partido de ida contra el Kaiserslautern (5-1) ni las turbulencias durante el vuelo a esta localidad alemana alteraron el pulso de un Alavés que volaba por Europa a velocidad de crucero. El dominio era tal que los albiazules se permitieron el lujo de cambiar durante unos minutos las botas de fútbol por la gorra de capitán. La expedición albiazul tomó tierra bajo la supervisión de Óscar Téllez. Los pilotos invitaron al central a la cabina de la tripulación para presenciar la maniobra de acercamiento al aeropuerto. Quién sabe si aceptó la propuesta con una intención muy distinta: analizar desde el aire el terreno para detectar por dónde atacarles. Porque los vitorianos volvieron a bombardear a los 'diablos' para pasar por la puerta grande a la final de la UEFA. «Fue un día histórico. Una hazaña inolvidable», recuerdan Ángel Garitano 'Ondarru' y Antonio Karmona a EL CORREO.
«Es difícil que ocurra una debacle», reconoció Mané, consciente del enorme colchón sobre el que descansaban sus aspiraciones de citarse con la gloria. Aunque la previa del encuentro parecía lanzarles varias señales de advertencia. A los 'bailes' del avión se le unieron más contratiempos. Como era habitual, Ondarru viajó dos días antes del partido para analizar al rival. Hace 25 años no había ni portátiles ni smartphones. Todo se fiaba a los cuadernos y carpetas. Y ese material estaba guardado en la maleta. «Cuando llegué me dijeron que habían perdido mi equipaje. Ahí estaba yo, sólo con el chándal que llevaba puesto», recuerda el hombre de confianza de Mané. «Aquel año me recorrí medio mundo y no fue sencillo. Casi no pude volver de Gaziantep porque no me sellaron el pasaporte. Y en Lillestrom quedé para ver el campo de entrenamiento y no apareció nadie. Salté una valla y de repente apareció un perro. Tuve que escapar corriendo», ríe.
La maleta al final apareció. Y a tiempo para poder analizar la victoria del Kaiserslautern (4-2) contra el Eintracht de Frankfurt. «Lo apuntaba todo a mano: su dibujo, la formación en los córners, jugadores más importantes... Y luego lo comentaba con Mané. Charlábamos en la caseta mientras los jugadores entrenaban con el preparador físico y los porteros con su entrenador», comenta Ondarru, que se afana en quitarse protagonismo. «No era nada del otro mundo...». Pero los resultados demostraron que sí. Los albiazules asaltaron un campo en el que hincó la rodilla el Barça.
Y eso que la noche empezó de la peor manera. «Todos sabíamos de la dificultad de ese campo, un estadio muy caliente. Ellos salieron muy intensos porque tenían una desventaja muy grande», apunta Karmona, que se esforzó en contener esa avalancha teutona con Téllez y Eggen. Pero Djorkaeff envió un misil a la escuadra desde fuera del área. «De pronto eso fue un infierno. Casi no podíamos oírnos entre nosotros. Apenas nos había dado tiempo a asentarnos. Se vendió que podían darle la vuelta a la eliminatoria y ese tempranero gol nos generó algunas dudas». No tardaron en disiparlas. «No nos agobiamos. Ellos pusieron la intensidad, pero pronto les calmamos», añade el antiguo defensor albiazul.
«Como estaba en Alemania me tuve que poner a buscar los hoteles para la gran final. Lo de aquel año nunca se olvidará»
Ángel Garitano 'Ondarru'
Segundo entrenador
«La alegría era inmensa. Acabábamos de hacer una hazaña histórica. Aquello fue muy gordo, eres consciente con los años»
Antonio Karmona
Defensa
«El gol más especial»
Un cuarto de hora duró la ilusión alemana. Iván Alonso acertó con un cabezazo en un centro pasado al segundo poste, aprovechando la mala salida del portero. «Ahí ya nos dimos cuenta de que habíamos dado un paso de gigante. Por entonces el gol fuera de casa valía doble, así que nos tenían que meter cinco para llevar la eliminatoria a la prórroga», comenta el zaguero. No fue más que el primer golpe de un equipo que aquella noche trabajó como un martillo pilón. A la hora de juego, Vucko hizo el segundo aprovechando los espacios. «De pronto, el estadio se apagó. La animación se congeló», describe Karmona. Luego, cayó el tercero, también obra de Vucko. Y la goleada la cerró Gañán. «Fue el gol más especial. Nos fuimos todos a la esquina con él. Era un tío muy trabajador, solidario y honrado. Nos alegramos muchísimo», confiesa el defensa. «Aquel día todo fue alegría. Metió con hasta Gañán», añade con sorna Ondarru.
«La alegría era inmensa. Acabábamos de hacer una hazaña. Con el paso de los años eres consciente de lo que logramos. Aquello fue muy gordo. De vez en cuando miro los recortes de prensa que guardo de aquel año», reconoce Karmona. La ciudad estalló de alegría con el pase a la gran final. «Como estaba en Alemania, me tuve que poner a buscar ya los hoteles para la gran final. Aquel año nunca se olvidará». El Alavés había hecho historia a 1.385 kilómetros de Vitoria, pero el viaje para citarse con la gloria iba a ser más cercano. Dortmund era el nombre del destino. Y el 16 de mayo, la gran fecha.