25 años de la gesta del Alavés en Europa
Atracón de goles en Mendizorroza
El Alavés encarriló su pase a la final de la UEFA con una histórica goleada en la ida al Kaiserslautern, una de las noches más mágicas del templo albiazul
El Alavés solo necesitó 42 minutos para enviar al Kaiserslautern de vuelta a los infiernos. Los 'diablos rojos', apodo acuñado al conjunto alemán por el ... color de su camiseta, se presentaron en Mendizorroza hace hoy 25 años con la idea de ser los villanos de esta dulce aventura europea de los albiazules. Pero los vitorianos apagaron su fuego a base de goles. Y no pocos. Les acribillaron con cinco dianas en una de las semifinales de la UEFA más plácidas y goleadoras que se recuerdan de la competición, solo superada por el 6-1 del Eintracht Frankfurt al Rangers en la 1959-60. Tanto que en la segunda parte muchos aficionados empezaron a pensar en vuelos y alojamientos para estar en la gran final de Dortmund. «No nos esperábamos ese resultado. Nadie puede olvidar aquella noche mágica. ¡Vitoria era una fiesta!», confiesan a EL CORREO Cosmin Contra y Magno Mocelin.
El proverbio alemán 'Wer wagt, gewinnt' significa 'quien arriesga gana'. Y es justo lo que hizo el Alavés hace hoy justo un cuarto de siglo. El Kaiserslautern apostó por un juego plomizo, sin ganas e insípido. Esperaron agazapados, como el que se pone la coraza para aplacar la furia de su enemigo y fio su suerte al partido de vuelta, consciente del calor que le daba su gente. El contexto tampoco les invitaba a salir a buscar a los de Mané, ese equipo que hacía tiempo que cambió la etiqueta de debutante por la de matagigantes. En la cuneta habían dejado al Rosenborg, al Inter... y poco necesitaron para repetir la maniobra con los alemanes.
«Metí dos goles de penalti y Mané no me dejó lanzar el tercero porque decía que hacer un 'hat-trick' así era el antifútbol», bromea
Cosmin Contra
Defensa
El encargado de romper el cascarón de los diablos fue Cosmin Contra. El incombustible lateral tomó la responsabilidad de transformar el penalti señalado en los primeros veinte minutos. No le tembló el pulso lo más mínimo. «¿Presión? Para nada, me gustaba esa sensación. La portería no se me hacía más pequeña. También porque afrontamos la competición europea con el objetivo de disfrutar y para nosotros cada partido era un premio». De manera que colocó el balón con mimo, retrocedió diez pasos para tomar impulso y, sin pensárselo dos veces, se lanzó a la carrera para engañar al meta Koch y poner la eliminatoria de cara. Ambos se volvieron a citar en el punto fatídico diez minutos más tarde. Repitió la ejecución con la misma sangre fría para poner en ebullición las gradas de Mendizorroza.
El guion del partido cambió por completo. El vestuario se esperaba un Kaiserslautern «rocoso y muy físico». Los goles evidenciaron que la realidad era muy distinta de un equipo que llegaba a Vitoria después de perder 1-4 en la Bundesliga. «Qué más da perder 0-1 que 1-4. Igual nos viene hasta peor porque de alguna manera saldrán un poco heridos y con más ganas», advirtió Jordi Cruyff en una entrevista con este periódico en la previa. El neerlandés llegó al Alavés ese verano para ser una de las referencias del conjunto que debía aparecer en los momentos importantes. Y ese día apareció. Poco antes del descanso, empujó una falta lateral colgada por Desio.
Lejos de ser una fiesta, el vestuario se llenó de tensión. Mané encarnó el papel de 'poli malo' y bajó el suflé propio de un escenario de ensueño. «El míster se encargó de que no nos confiásemos. Nos insistió en no relajarnos y que fuésemos en busca del cuarto gol en la reanudación. Recuerdo que nos dijo: 'en Alemania nos pueden meter cuatro'», evoca Contra. «Mira, el fútbol termina cuando pita el árbitro. Recuerdo que con el Gremio ganamos 5-0 al Palemiras y en la vuelta perdimos 5-1, al final nos clasificamos por ese gol...». La experiencia fue un grado que permitió que los albiazules no bajasen la guardia.
Pero aquella noche todo iba rodado. Ni siquiera los contratiempos como la lesión de Javi Moreno mojaron la pólvora del Alavés. El máximo goleador albiazul se perdió la cita por un esguince en su tobillo izquierdo. «Tengo confianza en poder jugar, aunque luego decide el entrenador», señaló. Finalmente no pudo estar, pero los goles cayeron uno detrás de otro.
«Es uno de los partidos más bonitos que recuerdo, ganar así en unas semis se me quedó grabado. ¡Cómo rugían las gradas!»
Magno Mocelin
Delantero
El vacío de Javi Moreno lo cubrió Iván Alonso, que también vio puerta. Lo hizo en el tercer penalti señalado a favor del Alavés. «Lo iba a tirar yo, pero Mané no me dejó. Decía que no se puede meter un 'hat-trick' de penalti, que eso era el antifútbol», bromea Contra.
Una noche para la historia a la que le puso la guinda Mocelin. «Fue muy importante porque terminó de hundir moralmente a los alemanes. Fue tras una rápida combinación con Begoña y, ya dentro del área, envié el balón a la mismísima escuadra. Fue un gol muy bonito». El chupinazo que prendió la fiesta en las gradas. «¡Cómo rugía Mendizorroza! Es uno de los partidos más bonitos que recuerdo, se me ha quedado grabado. Hicimos historia», remarca Magno. El sueño continuaba.