En Lezama ya no es gratis comer y otras claves del plantón de los jugadores del Athletic
La relación entre el presidente, Jon Uriarte, y buena parte de la plantilla vive desde hace tiempo momentos de tensión
La crisis abierta en el Athletic en los últimos días ha puesto sobre la mesa algo que va más allá del conflicto por las invitaciones ... retiradas a los jugadores. La relación entre el presidente, Jon Uriarte, y buena parte de la plantilla vive desde hace tiempo momentos de tensión porque en el vestuario no han gustado algunas de las medidas que ha implantado en Lezama.
Los jugadores, a través de sus dos primeros capitanes, Iñaki Williams y Unai Simón, salieron a hablar en público en Vigo para poner el acento que el malestar no responde únicamente a la decisión de retirar las invitaciones que los futbolistas recibían. Según explicó el portero, se trata de una acumulación de desencuentros y decisiones internas que los jugadores llevan percibiendo desde que Uriarte es presidente. «Sabemos que la gente podía pensar que era por las entradas, pero hay más cosas detrás. Es una bola ya de cuatro años que estamos viviendo».
La plantilla está a la espera de mantener una reunión con Uriarte. La cita fue revelada por los capitanes y se producirá esta semana, aunque los jugadores prefirieron no hacer pública la fecha. El encuentro es clave para intentar rebajar la tensión entre las partes.
Fuentes próximas al vestuario describen una relación fría y distante entre Uriarte y los jugadores. Según estos testimonios, existe la percepción de que el presidente aparece cuando hay que comunicar exigencias o recortes, pero que apenas genera complicidad con el vestuario.
A las jugadoras del equipo femenino se les han retirado también las invitaciones para sus partidos
Simón añadió que el problema no se limita al primer equipo masculino: «Son cosas internas dentro del club, pequeños detalles que vienen desde hace varias temporadas. No solo nuestros. Se ha dado mucho bombo al tema de las entradas. Nosotros estamos dispuestos a pagarlas. Son muchas cosas por detrás que vienen haciéndose bola». Y amplió el foco: «No solo afecta a los jugadores, también a empleados y a las jugadoras del femenino. Está bien sentarse».
Según las fuentes consultadas, hay decisiones que han generado malestar. Entre ellas se encuentra la retirada del derecho a comer gratis en Lezama de determinados trabajadores. Hace dos años afectó a entrenadores de la cantera y esta temporada se ha extendido a empleados vinculados al primer equipo. La medida ha generado malestar entre los jugadores, hasta el punto de que se han planteado crear un bote para asumir ese coste.
El problema, según los capitanes, también se extiende al fútbol femenino. A las jugadoras les ha quitado también las invitaciones para sus partidos y además hay cambios en las condiciones que afectan a los servicios de alimentación que reciben en Lezama.
El detonante de la crisis, en todo caso, fue la decisión del club de eliminar las invitaciones de los jugadores. La medida fue comunicada al vestuario por el director general, Jon Berasategi. El asunto generó malestar no solo por la supresión, sino también por la manera en la que la plantilla recibió la noticia.
La cita frustrada
Los jugadores solicitaron hablar directamente con Uriarte. Querían un encuentro antes de viajar a Barcelona. Sin embargo, la cita no se produjo. Simón se refirió a ello: «Nos queríamos reunir con el presidente antes del partido ante el Barcelona. No pudimos, él no pudo».
Uriarte además decidió no desplazarse a Barcelona. Su ausencia impidió a los jugadores hablar con él en ese viaje y, durante la estancia en Cataluña, tomaron la decisión de plantarse y no realizar las declaraciones previstas después del partido. Tampoco viajó a Vigo. Son dos ausencias extrañas en un dirigente que acude a la inmensa mayoría de los partidos.
Lo primero que hicieron Williams y Simón fue disculparse ante los periodistas por el plantón de Barcelona. Tenían dos objetivos, trasladar su versión y desligar la protesta de la retirada de invitaciones, creencia mayoritaria en la opinión pública.
En los desplazamientos del Athletic, la escena suele repetirse. Uno o dos jugadores llegan a la zona mixta y atienden durante unos minutos a los enviados especiales mientras el departamento de Prensa controla los tiempos y apremia para que las intervenciones no se alarguen. En Vigo no fue así. No hubo prisas. Los jugadores querían hablar, necesitaban explicarse, y se tomaron su tiempo para hacerlo.