Razones para un moderado optimismo: hay un consenso general para concluir que este Athletic de Terzic tiene buena pinta
El optimismo de ahora tiene bastante que ver con el recuerdo del verano pasado. A estas alturas, el cuadro rojiblanco había jugado cuatro amistosos de los que solo ganó el primero, ante la Ponferradina, por la mínima
Con todas las salvedades que concurren a la hora de hacer una valoración a estas alturas de la pretemporada, hay un consenso general para concluir ... que este Athletic de Terzic tiene buena pinta. Sería aventurado decir mucho más después de cinco partidos de los que tres han sido poco más que entrenamientos con público y solo el último se ha disputado ante un rival de la misma categoría, un Racing cogido con alfileres que, por lo visto en Laredo, necesita media docena de incorporaciones si quiere que su regreso al primer nivel no sea flor de un curso.
El optimismo de ahora tiene bastante que ver con el recuerdo del verano pasado. A estas alturas, el Athletic había jugado cuatro amistosos de los que solo ganó el primero, ante la Ponferradina, por la mínima. Después fue cayendo ante el Alavés, el PSV Eindhoven y el Racing, partido en el que se lesionaría gravemente Egiluz. Para entonces ya teníamos noticia del positivo de Yeray, anunciado una semana después de que se cerrara con una renovación a largo plazo el segundo sainete estival protagonizado por Nico Williams, cuyo guion seguimos sin conocer del todo, por cierto.
Aquel grupo dirigido por Valverde sufría un estrés que condicionaba su trabajo en el campo. Mientras se sucedían las derrotas –el Athletic caería goleado dos veces por el Liverpool y otra por el Arsenal– barajábamos distintas hipótesis que justificaran el mal color que estaba adquiriendo la pretemporada. Además de la influencia de los factores externos como lesiones, sanciones y culebrones, se habló del error de cálculo a la hora de elegir los rivales, aunque al mismo tiempo se justificaba la elección con la necesidad de elevar la exigencia ante la inminente Champions, entonces todavía tan ilusionante.
Aquellas explicaciones eran más fruto de la buena voluntad que del rigor en el análisis. Aunque las primeras tres victorias en el arranque liguero fueran un argumento ideal para aferrarse a la teoría de que solo la competición desvela la verdadera cara de un equipo, el tiempo acabó demostrando que la mala imagen y las derrotas del verano fueron el preludio de lo que vino después.
La pretemporada se complicó antes de empezar. A las injerencias externas o la pura mala suerte en forma de lesiones se le sumaron el fracaso de los fichajes, que debían colaborar a aliviar el desgaste de dos años intensos, y la inexistencia de relevos de garantías desde Lezama.
Este verano, a diferencia del anterior, las incorporaciones han refrescado la plantilla y han elevado la competencia en casi todos los puestos. Johaneko o Canales también participaron en la pasada pretemporada, pero su papel fue testimonial, de relleno. Otros como De Luis, Olabarrieta o Duñabeitia también aparecieron en algunos partidos con un papel irrelevante.
Ahora está siendo muy distinto. Canales, Gerenabarrena y Hugo Rincón han vuelto de sus cesiones dispuestos a ganarse un sitio bajo el sol. Johaneko aprovecha cada minuto para mostrar su perfil batallador y todos, hasta los considerados más titulares, se están empleando a fondo para ganar crédito ante el nuevo entrenador. Más allá de consideraciones de índole táctico o puramente futbolístico, es indudable que la presencia de Terzic ha reactivado a una plantilla que se había quedado atascada a base de repetir caras y rutinas.
Aunque todavía falta lo más interesante de la pretemporada, ensayos como este último ante el Racing, con fallos y errores de bulto incluidos, están devolviendo al aficionado la imagen de un Athletic más fresco y menos previsible. La cosa podrá salir peor o mejor porque el fútbol guarda una sorpresa en cada esquina, pero la conclusión es que esto tiene otra pinta.
Lo único que no ha cambiado es el asunto del balón parado, a pesar de que este verano a los chicos les han puesto un profesor particular para superar la asignatura. Hace tiempo que la proverbial contundencia del Athletic en el balón parado solo existe en la cabeza de los comentaristas de televisión y, de momento, no se adivinan cambios. Siendo positivos, cabe pensar que están disimulando para no dar pistas a los rivales y que en cuanto empiece la competición nos asombrarán con sus virguerías recién aprendidas. Ya veremos.