Salto inicial
Máxima eficiencia
El actual rendimiento del Real Madrid responde al equipo que fue diseñado en verano
¿Qué alimenta a qué?, ¿la inquietud con la acción?, ¿el cuidado con el respeto?, ¿la juventud con la experiencia? Son entes unidos aunque parezca ... que son más antagónicos que otra cosa. Pues no, entendamos que las conexiones dan sentido a nuestras ideas originales, y que gracias a esos vínculos, aun siendo raros, todo va evolucionando.
Una nueva etapa con prácticamente los mismos jugadores. Las experiencias triunfantes con las ilusiones de los novatos. Un ataque talentoso cubierto de límites y normas. Una defensa colectiva que abre las puertas a la especialización del grupo. Más rendimiento pero limitado a cortos e intensos esfuerzos. Este renovado Real Madrid de Sergio Scariolo tiene estas zonas extremas de un péndulo que está en permanente movimiento, en la búsqueda de esa perfección que nunca existe en los equipos pero que tiende a ella.
Confesémoslo: no acababa de convencer el primer tercio de su campaña de seguramente la mejor plantilla de la Euroliga. Por su trayectoria podríamos comprender a priori en ese modelo Scariolista del control, del 'planning' estricto, de la evolución a medio plazo y de los datos obligados pensando en el medio plazo mientras trata de competir con lo rigurosamente necesario en el corto. Con el paso de los meses, y tras digámoslo, la sorpresa de la Copa, parece que ahora sí este Madrid responde a ese equipo que fue diseñado a inicio de temporada. Con un título menos por obtener, van directamente a por los dos que faltan.
Este rendimiento de ahora tiene que ver con esta evolución en los momentos más importantes de la campaña. En ACB comandan por esa amplitud de plantilla que desborda al resto de rivales; en Euroliga por experiencia y estabilidad propia, pero también por esa competitividad que no entiende de nombres y camisetas, solo de juego. Están ya en la zona de privilegio, si bien lo que queda es más que exigente, asfixiante de resultados.
Afloran las virtudes
Todo va entrando en la lógica de lo que es el grupo desde sus virtudes: Campazzo retoma el liderazgo en aquello que mejor sabe hacer: marcar el ritmo en defensa y ataque, asistir y generar para que el resto pueda sentirse cómodo; Tavares es sinónimo de aros, con más dificultad en la defensa en la parte alta del campo, lógico por otro lado; Hezonja dispuesto a ser quien tome las decisiones finales sin importar la zona del campo en la que se encuentre; Llull marcando la experiencia y la jerarquía de quien sabe lo que representa la camiseta; Deck, recuperado, con esa manera de jugar silenciosa pero necesaria para el equilibrio en ambas canastas del equipo; Lyles con ese talento que hace parecer sencillo pero difícil de hacerlo mejor; Maledon con el desparpajo y calidad de quien se sabe que debe tomar el relevo del base y aumentar su producción; Okeke desde el trabajo invisible pero enérgico, como Garuba y Abalde, y Feliz que no le importa quién esté a su lado ni cuándo sea su momento, porque da siempre resultado.
Esta unión de individualidades tiene un patrón común: Scariolo y su cuerpo técnico saben de sobra –excesivamente para mí– los roles particulares del colectivo, cuáles son las estructuras que deben estar en el campo y juega desde ahí. Es negativo porque puede hacerlo previsible pero positivo porque cada quién sabe lo que el equipo necesita de él y parece que ahora la eficiencia del grupo funciona mejor. Por eso lo de los antagonismos: que necesitan estar presentes para que afloren mejor las virtudes.