Statu quo final
Real Madrid y Olympiacos se disputan hoy el título de la Euroliga en un duelo entre especialistas de qué hacer para ganar
Reconozcamos que si hay algo que nos hace sentir ese cosquilleo que nos gusta es cuando en una situación común surge un factor sorpresa, en ... positivo por lo general. Por eso el deporte nos gusta tanto, no por la afinidad con un proyecto o unos colores, sino porque aparece algo que rompe el 'statu quo' y te dice que nunca des nada por supuesto. Y te atrapa.
Nos atrapó el Valencia Basket con su temporada en Euroliga; igual que la regularidad de Fenerbahce tras rehacer su plantilla triunfadora del año pasado, hasta lograr un equipo más sólido que el anterior. Pero la fiereza de la realidad le impidió su acceso a la final de la Euroliga. El Fenerbahce, porque ni supo ni pudo resistir el empuje sólido, intenso, ambicioso e inteligente del Olympiacos; y el Valencia Basket porque perdió no se sabe dónde ni cuándo sus principales argumentos de toda la temporada ante un Real Madrid que sabe mejor qué y cómo hacer en momentos tan esperados como cuando se juega un título.
Atrapa de igual manera esta final Olympiacos-Real Madrid a pesar de que rememora el habitual 'statu quo' de la competición. Dos equipos que, ya comentamos, estaban en esa terna de favoritos cuando iniciamos la temporada allá por septiembre. Dos plantillas inmensas, descaradamente pobladas, con estilos similares y el mismo objetivo en sus retinas: ganar la Euroliga. Ahora que les llega su turno para el que fueron diseñadas y mentalizadas -no sin que las dudas afloraran a lo largo de algunas semanas- llegan sin duda en el mejor estado de forma de toda la temporada.
El Real Madrid ha tenido que adaptarse durante toda la temporada tanto a las ausencias por lesiones como a la racionalización consciente de esfuerzos para llegar precisamente al día de hoy. Hay un Madrid con Tavares y otro sin él. ¿Cuál es mejor? Depende, pero nos ha demostrado que en el baloncesto actual conviene conseguir que tus grandes jueguen como pequeños para que en el campo haya siempre cinco amenazas constantes de crear peligro al rival. El hecho no es que haya o no un '5', sino cuál es la estructura ideal en el campo para que pueda haber amenaza interior. Por ejemplo, donde parece que Lyles es el '5' lógico, resulta que quien juega de interior es Deck, un '3' o Hezonja, un '4', depende del defensor rival. Esta maestría se ha construido a lo largo de la temporada hasta llegar al día de hoy con un arsenal táctico de mayor riqueza que otros muchos equipos.
Defensa extraordinaria
El Olympiacos a su vez tiene claro que su beneficio es el colectivo y las decisiones correctas, nada de riesgos innecesarios ni responsabilidades meramente individuales sin lógica global. Bartzokas, su entrenador, no permite estas libertades pero sí deja a sus jugadores que se asocien en el campo, los sitúa de manera que ocupan magistralmente todo el espacio para que cada uno pueda mostrar su talento en el momento oportuno y preciso. Eso sí, si penaliza el error en ataque ni que decir tiene el castigo cuando se da un error en defensa. Esta ha sido la principal evolución de 'Oly' en esta temporada. ¿No defiendes? No juegas. ¿Defiendes? Al campo. Esto le hace ser un equipo sólido, extraordinario en defensa -hizo parecer un mal equipo al Fenerbahce, no lo olvide- y equilibrado en ataque hasta parecer que Vezenkov, Dorsey, Milutinov y Fournier no sean tan imprescindibles. Eso sí, cuando tienen que estar, lo hacen y de qué manera.
Va a ser verdad eso de que nunca des nada por supuesto y menos en esta final. Será un partido de dos equipos ganadores, dos mentalidades especiales y dos bloques con tantos recursos que ahí radicará la clave: saber qué y cómo hacer para ganar.