Jordi Milán | Director y fundador de La Cubana
«Es muy sano bajarse los calzoncillos y que corra el aire»
El artista catalán iba para diseñador de interiores y presume de no haber recibido nunca subvenciones
Mientras ridiculiza la alta cocina en 'La cuisine de ma cousine', que dirige en el Arriaga, en la entrevista teme «enrollarse» como una persiana. Cosa ... que no consigue.
- ¿Cuando come también está más pendiente del móvil que del plato?
- No, no, cuando como intento estar más o menos tranquilo.
- Se lo preguntaba por si le gusta comer y ...
- No siga, no me gusta nada posturear.
- Se le ha jugado bien a Ferran Adriá y compañía.
- Noooooooo, no criticamos la alta cocina de boca pequeña, más bien nos reímos de nosotros mismos y de esa locura que nos ha cogido a todos.
- ¿Los chefs son los nuevos dioses?
- Se ha creado una especie de aureola especial alrededor del mundo de los cocineros. Han llevado el mundo de la gastronomía a un nivel muy alto en este país, pero me hace mucha risa la gente que....
- ¿Qué gente?
- Esa que a lo mejor se le está enfriando el plato y está haciendo la foto para mandarla rápido por Instagram para que todo el mundo sepa que está comiendo en el restaurante de fulanito de tal.
- ¿Ha sido muy gamberro siempre?
- Noooo. Más que gamberro, loco.
- ¿Pues escogió el nombre de La Cubana en una noche de borrachera?
- Eso sí es verdad. Fue en 1980. Éramos una compañía de aficionados. Escogimos el nombre de un viejo comercio cuyo letrero apareció en la reforma de una tienda modernista de Sitges. Se llamaba Modas Mercedes. Apareció La Cubana y dijimos: ¡'ya está'!.
- ¿Siguieron muchas borracheras?
- Me gusta beber como a todo el mundo, pero lo justo.
- En esa locura, ¿una compañía como La Cubana podría surgir hoy?
- Ya le digo que no. En los 80 despertábamos de una siesta larga. La gente tenía ganas de salir a la calle, bajarse los calzoncillos y abrir puertas y ventanas, que corriera el aire.
- ¡Era otra época!
- Como todo el mundo estaba empezando, se arriesgaba más. Tenía ganas de experimentar, de saber. También les pasaba a los políticos.
- 46 años después, ¿se sigue bajando muchas veces los calzoncillos?
- Hombre, es muy sano. Más que bajarse los calzoncillos, que corra el aire y ventilarse bien. Eso sí que es importante. Desintoxicarse, vaya.
- Iba para diseñador de interiores.
- Yo quería ser arquitecto, que no pude hacer, porque había muchas huelgas. Me metí en diseño, pero me ganaba la vida haciendo chalés y tiendas...
- Vaya.
- Y pisos, para yo qué sé. El teatro era un hobby que se convirtió en profesión. En lugar de jugar al tenis, iba a hacer teatro todas las noches. Todo casualidades, casualidades.
- ¿Le aterra pensar que el público no se ría?
- No me preocupa. Más que hacerle reír, queremos que le haga gracia y también que le haga pensar. Al público no le gusta verse retratado, pero sí ver al vecino, a la suegra, al cuñado... Jugamos en el escenario con un vocabulario incorrecto. Para pensar no es necesario hacer drama ni hablar en serio.
- Ha recibido muchos reconocimientos. La Cruz de Sant Jordi, la Medalla de Honor de la SGAE... ¿Siempre está a la que salta?
- Para nada. Me la refanfinfla bien, pero si te los dan, lo agradeces. Por algo será. Estas cosas me ponen un poco nervioso. Hemos tenido una gran suerte de que durante 46 años el público nos ha hecho de mecenas. ¿Entiende?
«Disfrutar hasta que pueda»
- Sí.
- Ese es el premio estupendo. Nunca he recibido una subvención ni ayuda. Hemos podido vivir del hobby gracias al público. De esa gente que te reconoce al entrar al teatro y se acuerda de 'Cómeme el coco negro', 'Cegada de amor', 'Mamá, quiero ser famoso'... Se acuerdan de que lo pasaron bien. Ese es el premio. Sin locura e ilusión no hay creación.
- A sus 75 años...
- 75 tacos, tacos, tacos, tacos, tacos. Que la cabeza la tengo muy bien, pero el cuerpo ya empieza a flaquear un poquito. Aunque, bueno, aguantamos, aguantamos
- ¿Quiere dejar un cadáver horrible y viejísimo?
- No, no, no, no. A ver, aguantar por aguantar, no. Yo quiero disfrutar hasta que pueda. Y cuando no pueda yo, habrá otros de La Cubana que seguirán la historia y la misma locura.
- ¿Hace como que la vida nunca termina?
- La vida termina físicamente, pero es eterna. No por la cosa religiosa, que ese rollo no me gusta ni creo, pero la vida es la vida. Al que tiene hijos le quedan los hijos, y yo que no tengo, a lo mejor tengo la suerte y queda La Cubana.
- ¿Necesita sentirse el número 1?
- Para nada. Me gusta que el público se identifique o conecte.
- ¿Es hombre de caprichos?
- Soy muy básico, pero sí que me gustan los caprichitos, no las tonterías Si hay una cosa que me gusta, me la compro, eso por descontado.
- ¿Le da pánico estar tan expuesto?
- Noooo, siempre he hecho lo que me ha dado la gana. He hecho teatro, que es lo que me ha gustado, pero no estoy expuesto a nada. El mundo del teatro es una popularidad distinta.
- ¿Suele hacerse la víctima?
- No me gusta nada el victimismo No me gusta que lo hagan los otros, y tampoco me gusta hacerlo yo.
«No me gusta el presente»
- ¿El presente le devora?
- El presente no me gusta. No quiero ver cosas que ya he vivido, ¿entiende? No quiero que vuelva, eso sí que me aterra. No quiero morirme viendo las mismas cosas. Tengo la gran suerte de que no me queda el cargo de conciencia de dejar hijos.
- ¿No los echa en falta?
- No me gusta en qué nos hemos convertido y en cómo somos.
- Si pudiera, ¿no volvería a nacer?
- No estoy descontento de lo que me ha pasado, y no me importaría volver a nacer.
- ¿Vive feliz solo?
-Sí. Mi vida ha sido el teatro, más que la propia familia. He sido feliz a mi manera, por lo que volvería a hacer lo mismo.
- ¿Se quedaría a vivir para siempre en un teatro?
- En la vida todo es teatro. Desde que naces hasta que te mueres. Hasta el entierro es una obra de teatro.
- ¿Siempre ha sabido elegir con quien tomar una copa?
- Eso me da igual. Siempre es interesante, porque aunque no conozcas a esa persona o realmente no te caiga bien a primera vista, tomando una copa puedes cambiar de opinión.
- ¿Sólo ha deseado lo que podía tener?
- He hecho lo que me ha dado la gana en todo momento, aunque no ha sido mucha cosa, pero me ha servido para ser feliz.