Vivir a 30 grados en el edificio «más sostenible» de Bilbao
Vecinos de la Torre Bolueta denuncian el calor que soportan en sus VPO. EL CORREO accede una de ellas para comprobarlo
El reloj apenas marcaba las dos de la tarde cuando en una de las viviendas de la Torre Bolueta, el edificio «sostenible más alto del ... mundo», como lo definió el propio Gobierno vasco, el mercurio alcanzaba los 30 grados. El bloque tiene una altura de 88 metros y está compuesto por 171 pisos, 108 VPO en propiedad y 63 de alquiler social. Se entregó a finales de 2018 y se vendió a los adjudicatarios bajo el sello 'passivhaus', una técnica que certifica que las casas son ecológicas al reducir hasta en un 75% la demanda de calefacción. Entonces, el Departamento de Vivienda, en manos del socialista Iñaki Arriola, lo anunció como un edificio «de consumo energético casi nulo».
Sin embargo, el «asfixiante» calor que padecen los residentes desde hace siete años ha llevado a la comunidad de propietarios a interponer una demanda al Gobierno vasco. Los afectados admiten que durante los meses de invierno «apenas tienen que poner la calefacción» porque la temperatura se mantiene en las casas, pero lamentan que en verano los pisos se convierten en hornos. EL CORREO accedió ayer a una de ellas para comprobarlo.
La vecina que atiende a este periódico, que prefiere no identificarse, afirma que en días de mucho sol como el de este martes viven «en penumbra» para evitar que el calor entre –todavía más– en el interior. El problema no es puntual. Se produce cuando el mercurio asciende, algo cada vez más habitual en el territorio a consecuencia del cambio climático. «Todas las habitaciones tienen la misma orientación. Hay sol durante todo el día y no hay posibilidad de hacer corriente, así que sacar el calor cuesta mucho», añade la propietaria, que vive en una de las plantas altas de la torre.
Noticias relacionadas
-
-
Iñigo Fernández de Lucio
Los residentes más afectados por el bochorno son aquellos que viven en las manos B y C. Además de que el sol pega durante todo el día –las temperaturas alcanzaron ayer los 35 grados en Bilbao– están situados junto a las tuberías que dotan a la comunidad de agua caliente y calefacción, lo que hace que las altas temperaturas se concentren más. Además, los pisos no cuentan con persianas que sirvan como protección frente al calor. El sistema de climatización implantado tenía que ser suficiente para no convertir los inmuebles en hornos. Pero no ha sido así.
Chapas de aluminio
Ante la falta de persianas, muchos de los adjudicatarios cuentan con estores interiores, que permanecen «bajados todo el día». Además, algunos vecinos, ante la desesperada, han optado por comprar sistemas de climatización para aliviar el bochorno que padecen. Junto a un ventilador de pie, esta familia no descarta comprar otro para la habitación. «Dormimos como podemos, hay noches que son complicadas», dice. Ayer el dormitorio rondaba los 30 grados a las 14 horas, según las mediciones hechas por este periódico. «Y eso que la casa lleva cerrada desde primera hora de la mañana», admitía. En un edificio pensado para ahorrar energía, colocar un aire acondicionado no parece ser una opción. «Es una aberración», calificaba otro afectado.
Varios residentes admiten que sacar el calor de casa es una tarea casi «imposible». Abren las ventanas durante la noche, pero el calor se mantiene dentro. «Igual baja un grado», dicen. Además, la temperatura va en ascenso en función de las personas que hay dentro. «Un diciembre hicimos una cena tres parejas con bebés y los niños acabaron en body. Durante el día hizo buen tiempo y la casa se calentó. A última hora el termómetro marcaba los 29 grados», cuenta la afectada.
El edificio se levantó bajo un sistema de ventilación que recoge el aire del exterior y tras enfriarlo lo reparte por todas las habitaciones mediante tubería. Se cubrió con 2.905 chapas de aluminio, un revestimiento que según explicaron es «clave» para el proceso de aislamiento, y se reforzó con «lana de mineral de roca». Después de múltiples reuniones con el Gobierno vasco en busca de una solución, el asunto «está ahora judicializado».