Un tostón de gala
Pudo haber sido un gran día, una gran noche, emulando en el inicio de la gala el himno optimista de Serrat, con Tosar, la Bandini, ... boys y vicetiples en un escenario que guiñaba a Gaudí, a sus trencadis y a su deconstrucción decorativa. Lo que pasa es que la geopolítica no estaba para bollos, cosa patente en el prolegómeno que nos regaló el Ente con Pedro Sánchez pacifista y luego, ya en faena, con un patio repleto de chapas, pines y pegatinas reivindicativas. Por eso Tosar recordó a Borau y sus manos blancas, clamando contra el genocidio; Susan Sarandon quiso ser una luz para iluminar la resistencia ante el caos moral y hasta Méndez-Leite dejó su equilibrio socarrón para recorrer un mundo cruel.
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Y, ¿dónde estaba la diversión y el optimismo en esta gala? Pues no, porque salió Alba Molina con sus palmeros y guitarristas para versionar con desgarro a Lole y Manuel, Ana Mena cantó el triste desamor de 'La Bambola', ni Tosar ni Bandini tuvieron gracia en sus pláticas por el patio, las argentinas de 'Belén' nos aterrorizaron al avizorar la llegada de la extrema derecha y encima también hubo gotitas de feminismo militante. Menos mal que Alba Flores subió a las tablas la nostalgia por Antonio Flores y el 'Pescailla', que el existencialismo irónico y libre de Gonzalo Suarez se hizo verbo, que los Arrels de Gràcia resucitaron la rumba catalana, la del inolvidable Gato Pérez; que Toni Acosta nos generó una leve sonrisa con un pequeño gag o que el archivo resucitó los mejores pasajes de la Sardá.
Con tan poca diversión había que acudir al recuerdo, pero ni con esas. Y el caso es que la gala tuvo ritmo y bilingüismo, pero se impuso desde el principio el discurso militante, la tristeza y el bostezo global. Premios merecidos, triunfo principal de Alauda, cabezones técnicos para 'Sirat' y en general un tostón absoluto. Pero no desesperen, que el año que viene a lo mejor nos aburrimos más.