Brotes verdes en un mercado gris
Dos negocios nuevos, un traslado y dos recambios en la dirección evidencian un nuevo capítulo en la trayectoria de las galerías bilbaínas
La historia reciente del circuito comercial del arte bilbaíno recuerda la intriga de la novela 'Diez negritos' de Agatha Christie. La defunción súbita y paulatina ... de las galerías locales se antoja una historia de suspense en la que se desconoce quién será la siguiente víctima, aunque nadie duda de que el crimen habrá de producirse. En cualquier caso, la identidad del asesino no admite dudas. La falta de rentabilidad ha ahogado tanto proyectos veteranos, sin continuidad tras la jubilación de su fundador, como neófitos que no conseguían consolidarse tras un puñado de años de esfuerzo escasamente recompensado. Pero el ciclo parece haberse revertido en un asombroso giro de guion. La reciente apertura de MÄA y 104.5 alienta la esperanza de cambio positivo. Además, esta nueva temporada viene acompañada de nuevos directores de Carreras Múgica y Juan Manuel Lumbreras, las decanas de la ciudad, y la apertura de un nuevo espacio a cargo de SC Gallery.
La reducción del panorama expositivo ha sido dramática. Al menos catorce firmas han desaparecido a lo largo de las últimas dos décadas. La situación también ha sido francamente negativa en el resto de las capitales de la Comunidad Autónoma, aunque San Sebastián mantiene su agrupación profesional. «Da mucha pena porque Euskadi fue uno de los grandes centros del galerismo español y, además, cuenta con una gran comunidad artística», explica Guillermo Carreras, nuevo director de Carreras Múgica.
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Gerardo Elorriaga
Las incorporaciones son bienvenidas para quien se ha convertido en uno de los agentes más importantes de la escena vasca y española. «Cuantos más seamos, más acciones podremos llevar a cabo para recuperar el foco», indica, aunque reconoce que los recién llegados se enfrentan a un reto complicado. «Te requiere estar siempre fuera, no puedes depender de lo que pasa a nivel local. Es necesario estar en muchas ferias para dar a conocer tu proyecto», advierte y sentencia: «Esto te permite seguir adelante».
La existencia de un coleccionismo autóctono se pone constantemente en tela de juicio. Él no lo cuestiona. «Podría ser mejor, seguro, pero, en cualquier caso, es muy bueno y comprometido», asegura y explica que, ahora, el perfil del comprador se corresponde con aficionados mayores de 25 años, gente que se ilusiona con las piezas y que sigue fielmente al artista en su evolución creativa. «Incluso lo apoyan con financiación adicional, es un mecenazgo que les nace y que se vincula a su comprensión de la vertiente cultural de este comercio». El programa previsto por la firma evidencia la continuidad de los presupuestos estéticos de la sala e incluye a Erlea Maneros Zabala, que abre la temporada, Koenraad Dedobbeleer, Oier Iruretagoiena, Txomin Badiola, una colectiva comisariada por Agustín Pérez Rubio y un diálogo entre June Crespo y la italiana Giulia Cenci. El modelo clásico de exhibición pervivirá, pero Carreras apunta que habrá de asumir un rol más experimental. «No sé hacia dónde va, pero sí que creo que desembocará en un tipo de actuación más colaborativa», intuye.
La trayectoria galerística de la Villa acumula frustraciones de toda índole. Bilbao la Vieja, promocionado como el Soho local, no ha llegado a consolidarse. Su nutrida relación de propuestas comerciales fallidas incluye varias intentonas de galerías. Actualmente perviven Marzana, un sólido escaparate del arte vasco, y el espacio de exhibición de Anti Liburudenda y se ha unido Desio Artspace. SC Gallery, otra veterana con 18 años de actividad, mantiene su sala en la calle Cortes, posiblemente con otra función, y abre una nueva en Estraunza que inaugurará el próximo 23 de octubre con la exposición de Amaya Suberviola. Para Sergio García Bayón, su promotor, este crecimiento responde a una labor volcada en el cuidado del coleccionismo y el fruto de la asistencia a ferias, tanto españolas como europeas.
El prolongado declive también se llevó consigo iniciativas como Bilbao Art District, evento que seguía las pautas de Apertura Madrid Gallery Weekend. Para Maite Martínez de Arenaza, propietaria de La Taller, no está claro que la coyuntura desfavorable haya finalizado y también sostiene que la forma actual de negocio resulta cuestionable. «Depende del colchón», apunta y explica que su proyecto surgió con más voluntad que conocimiento. «No teníamos para una galería al uso y nos apoyamos en la oferta del taller de grabado», indica. «Las primeras ganancias llegaron con la participación en el FIG, que ha difundido el interés por la obra gráfica, y las ventas importantes en el octavo año». El espacio, situado en el barrio de Solokoetxe, abrirá con Julen Agirre Egibar con la exposición 'Bloke eta malda'.
El lastrante 21% de IVA, la pujante venta online y, tal vez, las frases bonitas y huecas de contenido, son algunos de los factores que explican la maltrecha situación actual, según Juan Manuel Lumbreras. «Bilbao es un lugar privilegiado para la formación artística y salen muchos jóvenes muy bien formados, pero no hay mercado», lamenta. «España dispone de 24 facultades públicas y 14 privadas con título oficial que licencian a miles de artistas todos los años y aquí se pinta mejor que en ninguna parte del mundo».
Las vanguardias vascas de 1966 han sustentado su programación durante más de tres décadas de actividad. «Hemos expuesto aquello que queríamos coleccionar con la esperanza de que alguien quisiera hacerlo en paralelo». Entre otros autores, han dedicado muestras a José Luis Zumeta, representado en cuatro ocasiones, Miquel Barceló, Alberto Schommer y Manolo Millares.
El recambio en la dirección artística comportará la aparición de nombres nuevos. «Ahora es el proyecto de mi hija Begoña», aduce y apunta que este cambio llegará tras la exposición dedicada a Antón Hurtado con las muestras de Xavi Ceerre y Alan Sastre, Jenny Alvarado, Carlota Pereiro y Usoa Fullaondo.
Las perspectivas no son especialmente favorables, en su opinión. «La globalización nos ha igualado por la media», arguye. «El mercado y el conocimiento nos derivan hacia un arte no presencial. Ahora se vende por Instagram, aunque no se parezca al original, y todo es para usar y tirar. Sumas factores y te encuentras con el anticristo del arte». ¿Cómo enfrentarse a este panorama? «Hay que activar el mercado demandando el estatuto del galerista y el artista, recuperando a las empresas y tocando a la puerta de Hacienda».
Rompiendo estigmas
Pepa Moreno y Jorge Lores recuerdan los años espectaculares, aquellos en los que hasta media docena de galerías vascas acudía a la Feria ARCO, y también el posterior rosario de desapariciones. «Es osado, pero creemos que el arte es necesario y nos hemos lanzado a la aventura, aunque no en exclusiva porque conservamos nuestros respectivos trabajos», explican los propietarios de 104.5º, galería recientemente abierta en la Ribera de Erandio.
Su programa recoge las propuestas de los artistas más jóvenes, aunque no con exclusividad, y confiesan la intención de convertirse en un espacio de cultura para el pueblo. La creación de una asociación gremial es otro anhelo. «Estaría genial porque somos muy pocos, pero nosotros acabamos de llegar y no nos vemos con la suficiente autoridad como para hacer una propuesta». El espacio estrena curso con una exposición de Marta Carrillo y en noviembre tomará el testigo 'Bocetos y Dibujos 01. Arquitectura de la Ría', colectiva a cargo de los arquitectos Jorge Cabrera Bartolomé, Antonio Cantero Garrido, Eva Madariaga Ruiz y Aintzane Ruiz Astoreka.
Romper los estigmas en torno al arte es el propósito de Fran Santa Cruz, impulsor de MÄA, la última novedad del circuito comercial. Su ubicación en el Paseo de Uribitarte, frecuentado por propios y extraños, puede constituir un privilegio, pero el marchante cree que los turistas no tienen acceso a la oferta de plástica que proporciona el ámbito privado. «Tampoco yo como ciudadano si no me fijo», advierte y hace alusión al atractivo sector de visitantes interesados por la cultura y de apreciable nivel adquisitivo al que habría que llegar. «Y creo que hay recursos suficientes para darse a conocer». El joven galerista cree que la estabilidad resulta complicada porque está todo muy cerrado a un nicho de consumidor muy específico y es muy difícil acceder al coleccionista local si no formas parte del grupo. «Se vende en petit comité, en cenas entre amigos», aduce y aboga por cierto respaldo institucional para ser tomado en serio. «Tener cerca a la Fundación BilbaoArte me parece todo un privilegio».
El arte más fresco y disidente procede del País Vasco, indica, aunque reconoce que la apuesta por los más jóvenes es osada en este negocio. «Aunque yo lo voy a intentar con todas mis fuerzas», señala y menciona, entre otras bazas, las próximas exposiciones de Eduardo Arroyo y M. Benito Piriz. La clave de su estrategia para seguir adelante en este ámbito tan hostil radica en una concepción abierta del espacio. «Quiero que sea visto como un lugar al que acudir y hacer cosas, soy partidario de democratizar el arte e invitar al espectador a acudir sin la necesidad de adquirir, que la galería sea un centro de encuentro en el que se llevan a cabo actividades diversas que dialogan con las obras exhibidas».