Saltar al contenido

El camarote

Regala esta noticia
Fernando Alonso en su Aston Martin.
Juan Carlos Otaduy

Resulta deprimente la irrelevancia de Aston Martin en el Mundial de Fórmula 1. Desde que allá por 2023 los de Silverstone estrenasen el color verde tan británico que ilustra sus carrocerías el asunto ha ido de mal en peor, porque a su llegada Fernando Alonso encontró un coche muy efectivo que le permitió visitar asiduamente el podio y hasta rozar la victoria en Mónaco. De entonces ahora la deriva no ha cesado y la próxima contratación de quien fugazmente ha ostentado el mando en Audi supondrá que el timón recaiga en el quinto responsable que lo asume en cinco años. Todo un récord más propio de un equipo futbolero desquiciado que de un garaje del Gran Circo, donde la estabilidad se antoja imprescindible.

Aquel primer monoplaza de Alonso se diseñó cuando Aston Martin aún ocupaba la vieja fábrica de Jordan y la plantilla se ajustaba a la lógica de una escudería de mitad de parrilla. Los roles estaban claramente definidos y la máxima autoridad recaía en un referente como Martin Withmarsh, un tipo bregado en mil batallas que tocó techo en McLaren y ostentaba galones suficientes para lidiar las ingerencias del patrón Lawrence Stroll sin ceder un ápice de autoridad. Hace un par de años Withmarsh se echó a un lado para asumir otras responsabilidades en la división de automóviles de Aston Martin y sin pretenderlo provocó una crisis de liderazgo que ha convertido al equipo en el camarote de los hermanos Marx.

Las vísperas del Gran Pemio de Japón han alternado alegrías como la incorporación de un nuevo seguidor –también apellidado Alonso– con la constatación de que el pasado otoño la renuncia de Andy Cowell a la jefatura de la escuadra supuso el impacto de un torpedo en su línea de flotación. Resultaba previsible que aflorasen tensiones tras la incorporación de Adrian Newey pero en ningún caso de semejante calado, por más que el choque de egos alcanzase proporciones bélicas.

Lo cierto es que de un día para otro Aston amaneció descabezada porque su propietario no atisbó las consecuencias de semejante acumulación de gallos en el corral y como solución de urgencia cedió al omnipresente Newey un protagonismo aún mayor del que ya ostentaba. No tardaría en hacerse evidente que el brillante ingeniero borda el papel para el que está formado pero carece de los fundamentos que se exigen a un jefe de equipo; léase mano izquierda con los colaboradores y capacidad para lidiar con Prensa y patrocinadores. Si como se rumorea Newey ha templado gaitas hasta aparcar sus roces con Christian Horner, ¿por qué no se contrata al que fuera jefe de Red Bull si resulta idóneo para el puesto? ¿Lo impedirá la pésima relación que mantiene con el clan Verstappen y la certeza de que más pronto que tarde Max vestirá de verde?

Sea como fuere los de Stroll han relevado a Ferrari en el papel de trituradora de talentos, otro demérito en su haber. Históricamente los de Maranello han sido incapaces de sacar provecho a una multitud de técnicos reclutados a golpe de talonario pero hoy en día son sus colegas británicos quienes muy a su pesar ralentizan la progresión de aquellos profesionales de relumbrón que decidieron vestir de verde al reclamo de argumentos tan convincentes en lo económico como decepcionantes en lo deportivo.

Esta funcionalidad es exclusiva para usuarios registrados.

Reporta un error

[]

El camarote

[]

El camarote