Asier Gómez. Botillero de Darío
«En el cuerpo a cuerpo veo superior a Darío»
Asier Gómez, hermano y botillero del finalista riojano, analiza su evolución y sus opciones de cara al choque cumbre del Navarra Arena
Pisará por primera vez el frontón del espacio multiusos Navarra Arena el domingo, día de la final del Manomanista. El trabajo no ha dejado a ... Asier Gómez, hermano y botillero de Darío, acudir a los entrenamientos que ha realizado ni a la elección de material de este miércoles. Ambos viajarán juntos desde Ezcaray hasta la capital navarra en coche, como hacen desde 2021 cuando el pelotari profesional le escogió para que estuviera sentado en la silla de la contracancha en los duelos individuales que disputa. «Tenía que poner una persona y no podían ser expelotaris. Confía en mí y yo en él. Me hace caso. Es cabezón, pero me hace caso», subraya.
Asier es el mayor de los tres hermanos. Pelotari aficionado y técnico en la escuela de la localidad riojana, sabe de este deporte y todo lo que ha necesitado Darío para plantarse en su primera final más grande. De pequeños pasaron muchas horas juntos en el frontón Tenorio, situado junto a su casa. Les bastaba salir al balcón para ver si estaba ocupado. «Allí empezó todo el pueblo». Los expelotaris Gorka y Víctor que vivían a su lado, Cecilio, y hasta los hermanos Merino que venían de Villar de Torre.
En su familia fue su tío, Ernesto Gómez 'El Rioja', que vive en Vitoria, el que les metió la pelota en las venas. Todavía recuerda cuando en verano se llevaba una semana a cada uno a la capital alavesa para entrenar en el Ogueta, «porque tenía relación con Retegui. Y por la tarde íbamos al frontón de Los Fueros. Estábamos todo el día jugando a pelota». Darío fue el único en llegar al profesionalismo hace once años. Ahora con 30 está a un paso de su primer título.
Cuando se le cuestiona por qué este año ha sido posible que se plante en la final, su explicación es sencilla. «Llevaba tiempo con chispa, jugando muy regular muchos partidos, y eso te hace estar encanchado». Condiciones para esta modalidad ha tenido desde pequeño, «pero ha jugado mucho en este campeonato y siempre hay que tener un pelín de suerte». El cambio de los tacos también le ha permitido tener mucha más sensibilidad con la pelota, «algo que no había tenido porque jugaba con una capa enorme para proteger sus manos. Han sido un cúmulo de circunstancias. Condiciones y oportunidades ha tenido otros años, pero esta vez se ha juntado todo».
Así como en el Cuatro y Medio Darío tiene muchas cosas que mejorar, Asier considera que en el Manomanista «tiene el nivel para estar con los mejores». Con el paso del tiempo ha comenzado a valorarse. Ha madurado en relativizar lo que es la pelota. «Cuando empezó en profesionales tenía que ganarlo todo. Ahora cada partido no es a vida o muerte, y eso te hace mejorar porque si no te ahogas tú solo. Ha cambiado la forma de ver las cosas. Tanto la pelota como la vida», destaca.
«Por dónde atacar»
Le gusta ver vídeos de los partidos del rival de su hermano. «A veces los vemos juntos». En este caso ya ha presenciado los duelos de Artola contra Larrazabal y Laso de este torneo, y le gustaría ver la final del año pasado entre el de Alegia y Altuna III «para saber por dónde atacar».
Desde su punto de vista, una de las claves de la final estará en ver cómo va a saltar el guipuzcoano a la cancha. Asier cree que lo hará como en semifinales contra el de Bizkarreta-Gerendiain. «A por todas. En el cuerpo a cuerpo le veo superior a Darío, por lo que no puede salir a pelotear al seis a bote. Sino a arriesgar». En ese caso, su hermano tendrá que evitar que dé el paso al frente y jugarle con más potencia, incluso a los pies. «Contra Larrazabal, Darío no podía meterse en ese ritmo loco y necesitaba un partido más calmado, en esta ocasión igual le interesa buscar más el aire para presionar, para que cuando Artola defienda vea que también tiene que hacerlo bien, para sacarle del sitio y que arriesgue».
Es partidario de lanzar pocos mensajes pero claros durante el choque. «Intento decir lo que le puede ayudar. Cosas positivas. Aunque no lo parezca, Darío es un pelotari acelerado y trato de calmarle. Cuando falla una pelota creo que se lapida demasiado y es necesario que se olvide del error y que piense en el siguiente tanto».
Sabe cómo está Darío antes de que empiece un partido. Y este campeonato ha visto a su hermano en todas las situaciones. En el arranque contra Elordi «estaba muy tranquilo»; en el duelo contra Jaka «algo más nervioso, pero pudo superarlo», mientras que contra Laso «porque tenía que hacer un tanto, pero si hubiera tenido que sumar seis a ver cómo se las arregla. Estaba excitado, quería salir a jugar. En la semifinal contra Larrazabal recuperó la calma». El domingo en el Navarra Arena está por ver. «Pero las 3.000 personas se den cita allí no creo que se equiparen a las 1.500 del Adarraga en semifinales. Al ambiente, a la presión».