La vida dura de Social Distortion
Mike Ness, tatuadísimo, pilotó una sesión de redención personal a base de punk rock melódico y melancólico que levantó los coros
En tres ocasiones ha actuado en el Azkena Rock Festival un grupo muy querido por sus festivaleros, por sus parroquianos, por los ruteros primordiales, o ... si lo prefieren, por los azkenitos y azkenitas, como calificó a sus espectadores Pelle, el descacharrante y charlatán líder de The Hives (ya saben: ya no hay que decir azkenero, sino azkenita). Nos referimos a Social Distortion (Fullerton, California, 1978; ah, ahora el baterista es David HidalgoJunior, el hijo del miembro de Los Lobos, ¡nacido en 1984!), la patrulla rock 'n' roller que campó en Mendizabala en 2009 (una gira de grandes éxitos), 2022 (tras la pandemia) y ahora en 2026 (para presentar su octavo disco oficial, 'Born to kill / Nacido para matar', editado en mayo).
Pilotados por el rocker tatuadísimo Mike Ness (voz y guitarra; en 2023 fue diagnosticado de un cáncer que ha superado felizmente, y aun sigue lidiando con las secuelas del alcoholismo y la drogadicción que lastraron el despegue de la banda), sobre el escenario principal, el God, del ARF, Social Distortion, dieron un muy bien recibido concierto de unas 17 canciones en 82 minutos con buen sonido -el volumen no demasiado alto impidió que se saturara- con un telón de fondo reproduciendo el jaguar de la portada del disco en cuestión, y con las pantallas necesarias en estos macro-eventos ; dos laterales con una reproducción sobria de lo que sucedía en escena.
Llegados desde el Hell Fest francés (igual que la víspera Alice Cooper), el quinteto (los cuatro de las fotos oficiales más un teclista joven que aportaba sutiles capas para rellenar con buen gusto) y con los cinco tocando todo lo que sonaba en vivo, el bolo arrancó de día y con una molesta lluvia, con constantes relámpagos amenazadores, y al final el chaparrón.
Lágrima tatuada
Pero la vente aguantó apretada, no se diluyeron las filas mientras se sucedían rocks melancólicos a medio gas, para dar tiempo a pensar y a sentir, y a entender la lágrima tatuada en la cara de Mike Ness, quien antes de 'Ball and Chain' recomendó que estuviéramos atentos a la letra porque la vida es muy dura, y luego consiguió que la gente coreara la autobiográfica 'Story of My Life'.
Abrieron con poco volumen en el tema titular de la novedad, 'Born to Kill', y de manera fiel a sí mismos arbitraron punk melancólico melódico de los 90 'Tonight'; pisaron el folk irlandés 'Sometimes I do', con el jefe punk pidiendo palmas; se igualaron a los Ramones adultos 'No Way Out'; sobre un arresto que parece tuvo en 1989, 'Partners in Crime'); se animaron en la música 'So far of Nowhere', y al final conectaron con el público y elevaron coros ooohh-oooh con sus hits 'Don't Drag Me Down'.