El Mirandés nada para morir en la orilla en su temporada más amarga
El equipo de Anduva se aferró a la categoría de plata hasta las últimas instancias, nunca dejó de creer en sus posibilidades de permanencia y acabó descendiendo de la forma más injusta posible
Toni Caballero
Miranda de Ebro
Lagrimas, muchas lágrimas inundaron Miranda desde Anduva, en la ribera del Ebro, hasta el centro de la ciudad. También por millares llegadas desde Butarque, donde ... unas pocas decenas de rojillos sufrieron el descenso de su equipo en directo. Lágrimas de tristeza, de amargura por el cierre más cruel de todos para una temporada aciaga; pero también de orgullo por la forma en la que el equipo peleó hasta el último momento haciendo bueno el dicho de que los jabatos nunca se rinden.
El Mirandés no pudo vencer en Leganés en la última jornada, el único requisito que debía cumplir para continuar inmerso en el fútbol profesional. Lo intentó por todos los medios, mar y aire, e incluso llegó a anotar dos tantos en botas de El Jebari, pero ambos fueron anulados por sendos fueras de juego milimétricos. El segundo resulta imperceptible incluso con la imagen del videoarbitraje.
Los rojillos supieron aguantar el primer cuarto de hora, el arreón intenso del Lega, y luego se hicieron con el control del esférico. La tarde ya había comenzado con mal pie, nunca mejor dicho, con Carlos Fernández cayéndose del once inicial en el último segundo. El andaluz, máximo goleador de los jabatos, no pudo disputar ni un minuto y el equipo lo notó, perdió su mejor arma en ataque. Pese a ello, con unos recursos ofensivos bastante mermados, logró encerrar a un conjunto madrileño maniatado por la presión. Una pena que los dos tantos, justo antes del entretiempo y al volver de vestuarios, no subieron al marcador.
A perro flaco todo son pulgas, reza el dicho, y finalmente fue el Lega el que estrenó el electrónico con prácticamente su única llegada del encuentro. Punto, set y partido. Un cierre demasiado cruel para una plantilla que ha caído con dignidad y orgullo, defendiendo el escudo con profesionalidad e identificando a una afición que quiso agradecérselo tras la conclusión del choque.
Porque un descenso siempre conlleva las mismas consecuencias, pero hay diferentes formas de descender, la imagen importa y el Mirandés abandona su segunda etapa en el fútbol profesional con la cabeza alta y repleto de dignidad.
Demasiados errores
Con el paso de las horas, la parroquia mirandesista fue dejando a un lado el cruel varapalo sufrido en el sur de Madrid, con su notable dosis de enfado por el arbitraje recibido, para comenzar a mirar la fotografía completa del descenso. Además, en los próximos días se ahondará en un análisis deportivo confeccionado desde un prisma mucho más frío.
Y es que son varias las conclusiones que hacen eco en el mundo rojillo. La primera, que el exilio en Mendizorroza durante la primera mitad de la temporada se ha pagado caro, muy caro, en los puntos cosechados como local. La segunda, pero no menos importante, que la plantilla cuenta con demasiadas flaquezas para un torneo tan exigente y prolongado. Para muestra, que el cuadro jabato acabó buscando el empate con Martín Pascual de delantero, si bien hay varios arietes lesionados, y que varios de los jugadores más importantes del curso llegaron a Miranda en enero, casi como una suerte de examen de recuperación.
Sin embargo, el mensaje más repetido, junto al de 'volveremos a ascender', no es otro que el de agradecimiento para un Antxon Muneta que cogió un equipo desahuciado, llegando a estar a 10 puntos de la boya de la salvación, y ha hecho remar al vestuario hasta el último segundo. El escudo no se arrastra y un jabato pelea hasta el final, como ha sucedido. El trágico final de curso no empaña la gran labor del mago bilbaíno y su cuerpo técnico, con el también querido Alain Arroyo.
Los horarios, los arbitrajes y los pocos guiños del club para con el abonado, otros de los ingredientes de la campaña que toca a su fin. El descenso no es injusto, pero el cierre de competición sí lo ha sido con un equipo que ha dejado todo lo que tenía en el césped, que fue mejor que su rival e incluso llegó a ver portería en dos ocasiones, pero no fue suficiente. Demasiado lastre en una mochila que la afición rojilla nunca ha dejado en el suelo por mucho que pesase y que, tras un breve descanso estival para suturar las heridas y secar las lágrimas, volverá a ponerse a la espalda en la categoría de bronce nacional.
Porque ayer el Mirandés volvió a demostrar que es igual de grande peleando por el ascenso en Oviedo que dejándose la vida por un triunfo en Leganés, en Segunda o en Regional; porque en el fondo no es sólo ganar o perder, se trata de una cuestión de identidad y del orgullo de toda una ciudad.