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Cada cosa a su tiempo

Hubo una generación con el control de la sexualidad más intenso que el del azucar

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Una pareja de ancianos pasea por las calles de Vitoria-Gasteiz.
Elena Moreno Scheredre

Francamente, me fascina escuchar a los enamorados que pasan de los setenta y se reciclan en el espinoso tema de entregarse a alguien después de ... años de viudez o de lo que fuera, como le pasó a mi compañera de rehabilitación, una mujer llamada Adela. Pertenece a una generación que bailaba poniendo su brazo como si fuera el incorrupto de Santa Teresa y cuyo control de la sexualidad era muchísimo más intenso que el del azúcar. Con los años, y la soledad pisando sus talones, Adela acudió a ese mercado de las segundas oportunidades que ofrecen las redes y en las que, gracias a la tecnología, puede evitarse la censura de la visión de la superficie de la vejez.

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