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El columpio

Los pasos prohibidos

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La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, muestra una recreación del futuro Salón de Baile de Estado.
Txani Rodríguez

Es imposible leer un periódico estos días sin hacer gestos de negación con la cabeza. Yo, al menos, he llegado a septiembre con cierta sensación ... de colapso general. Sin embargo, esta semana un tema aparentemente colorista ha ocupado bastantes titulares: el Salón de Baile que Trump quiere construir en la Casa Blanca. El Tribunal Supremo de Estados Unidos acaba de dar luz verde a su proyecto. Si el siglo XX fue el del cambalache, el XXI debe de ser el de los pasos prohibidos. «Que alguien saque a bailar a la morocha, que se muere de ganas», y a Donald Trump, que al parecer también. En todo caso, yo imagino al mandatario entre las columnas corintias de ese salón, sobre el suelo de mármol, mirándose arrobado al espejo, como los protagonistas de 'Casablanca' y susurrando a su reflejo: «El mundo se derrumba y yo me enamoro. De mí mismo»; aunque de lo que de verdad me llevo acordando estos días es de aquella canción de Radio Futura: «Un salón de té, un salón de té, con esa mala leche y un salón de té».

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