Hasta siempre, Luis
La muerte de Olmo, el creador de Don Celes, tiñe de luto a varias generaciones que crecieron con el icónico personaje
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Con el fallecimiento de Luis del Olmo a los 99 años desaparece no solo el humorista gráfico más veterano del país, sino una de las ... grandes figuras que ha proporcionado en el último siglo el arte de extraer sonrisas con unos pocos trazos. Lo hizo a través de Don Celes, un personaje icónico que ha acompañado fielmente cada mañana a varias generaciones, cuyo cariño ha sabido ganarse -pese a los cambios en los gustos y hábitos sociales- desde la sencillez del dibujo y de las escenas de la vida cotidiana que reflejan sus historietas. Una sencillez que, de forma paradójica, convirtió a su autor en un revolucionario de la viñeta por su habilidad para adentrarse en el alma de personas de toda edad y condición sin necesidad de palabras ni fuegos de artificio. Con una humildad equivalente a la que caracterizó a nuestro compañero pese a ser una indiscutible estrella en su género que ha merecido un unánime reconocimiento.
La muerte de Olmo representa un duro golpe para la gran familia de EL CORREO, de la que sus lectores constituyen una parte esencial. Durante más de medio siglo, la tira cómica protagonizada por Don Celes ha sido una de las inconfundibles señas de identidad de este periódico, ha brindado innumerables momentos de felicidad a sus no menos innumerables seguidores y ayudado a construir la memoria sentimental de amplios sectores de nuestra sociedad. La extraordinaria imbricación de Don Celes en el sentir popular explica su exitosa supervivencia durante 76 años y que se haya convertido en algo más que un personaje de tinta china. También refleja el talento con el que su 'padre' ha guiado su existencia. Las desventuras de lo que Olmo llamaba «el muñeco», atrapado entre el gafe y el fracaso permanente, representan también la otra cara de una envidiable fortaleza de carácter y de un indómito optimismo en la búsqueda de sus anhelos sin que le hiciera mella una trayectoria vital repleta de frustraciones.
Aparte de una enorme tristeza entre quienes tuvimos la fortuna de conocerle, la muerte de Olmo deja huérfano al entrañable Don Celes y también, en cierto modo, a las generaciones que crecieron con él desde la más tierna infancia. Tanto en Bilbao -la ciudad donde nació y de la que fue nombrado Ilustre- como en el resto de Euskadi. Se va un número uno del humor gráfico. Nos quedan su imborrable legado y su recuerdo. Hasta siempre, Luis.