FURGÓN DE COLA
Jaulas textiles
Lleida vuelve a prohibir el burka en espacios públicos dieciséis años después
En primavera le preguntaron a Salvador Illa por la ordenanza contra el burka que preparaba el Ayuntamiento socialista de Lleida y el president contestó que ... no se trataba de una norma xenófoba porque también prohibía andar desnudo por la calle. Illa tiene formación filosófica. Se advierte en la perfección de la síntesis: prohibido taparse la cara y destaparse la cruz. Otra cosa que ha solido hacer el president con el burka es quitarle importancia diciendo que él no lo ve cuando pasea por Cataluña. Puede que no pasee por Lleida, ciudad catalana que por alguna razón ya sintió la necesidad de prohibir el burka en 2010. En aquella ocasión, la ordenanza terminó anulada por el Supremo. El motivo: un Ayuntamiento no puede limitar la libertad religiosa. Ayer volvieron a intentarlo en Lleida, pero esta vez esquivando el hecho religioso –la ordenanza no menciona expresamente el burka y el niqab– y tirándolo por los derechos de las mujeres, puede que entendiendo que el Supremo razona como un festival literario granadino. La iniciativa del PSC ha contado con el apoyo de Junts y de Vox y con el voto en contra de Esquerra, PP y Comunes. No se sabe cuál de los dos tríos es más inverosímil, pero piensen que Cataluña es un país afrancesado y antes o después el 'spleen' te lleva a innovar en el 'ménage à trois'.
Siguiendo con el enredo, Vox llevó en febrero al Congreso una proposición para prohibir el burka que obtuvo el apoyo del PP y no salió adelante porque Junts no quiso. El debate fue, como suele, inenarrable. Se citó a Hitler y en Esquerra compararon el burka con «lo de las avispas o un sombrero de nazareno». Hubo, sin embargo, una intervención razonable. La socialista Andrea Fernández invitó al PP a trabajar en un asunto complejo que requiere firmeza de principios y finura legislativa. Tenía sentido porque los dos principales partidos del país parecen coincidir en que no puede haber mujeres encerradas en jaulas textiles que les cubren el rostro por motivos relacionados con la decencia.
Tres meses después, el Congreso apoyó la creación de una subcomisión para estudiar la regulación del uso del burka y el niqab en los espacios públicos. Fue una iniciativa del PNV que contó con el apoyo de PP, PSOE, Vox y Junts. Es el 81% de una Cámara que debería demostrar su razón de ser y su capacidad y que cualquier día va a ser disuelta por una convocatoria electoral. La alternativa, que las ordenanzas municipales hagan depender los derechos fundamentales del código postal, parece demasiado original incluso para nosotros.
Los platós nuevamente
Ahora la empresa propietaria del piso de Maricarmen tiene una proposición urgente. Quieren que la mujer vuelva a la que ha sido su casa durante setenta años y que el Ayuntamiento incorpore el inmueble a uno de esos programas de alquiler que ofrecen garantías y ventajas a los propietarios que sacan sus pisos al mercado. Imagino que hay que tomar nota: lo que desengrasa mucho las negociaciones con el casero es que el presidente del Gobierno se refiera a tu caso desde la ONU y que tu nombre se relacione de pronto en los periódicos con un «15-M de la vivienda». Por cierto, en su comunicado repentinamente conciliador, la empresa propietaria se refiere a su inquilina como doña Maricarmen Abascal, y eso explica por qué a Maricarmen llevamos días llamándola Maricarmen como si tuviésemos confianza con ella. De todos los apellidos posibles, el suyo es justo uno incompatible con la revolución en términos comunicativos. A la espera de qué sucede con el decreto ley sobre vivienda que el Consejo de Ministros quiere aprobar el martes como sea, aún hay otra sorpresa. Al escuchar eso de que puede que haya otro 15-M en camino, Ada Colau ha dejado los desiertos calcinantes, ha salido de los bosques y los lagos, para pisar los platós nuevamente y ofrecerse a ser candidata en las próximas elecciones al frente de un frente (amplio) de izquierdas. El fenómeno es llamativo. No se habrá visto muchas veces que haya que recordarles a quienes de pronto quieren salir a las calles para cambiarlo todo que, en realidad, ya están en el Gobierno.