Furgón de cola
Nobel en la diana
El régimen de Maduro define como un «exilio dorado» el viaje de María Corina Machado a Noruega
La situación en el Caribe es muy confusa. Tanto, que esta semana hemos podido llegar a ver cómo el Ejército estadounidense confundía a un Nobel ... de la Paz con un narcotraficante -¿a quién no le ha pasado alguna vez?- y lo volaba por los aires. Recién aterrizada en Oslo, María Corina Machado explicó ayer que, antes de salir de Venezuela, su gente contactó con la Casa Blanca para pedir que no disparasen a la lancha en la que viajó, disfrazada, hasta Curazao, donde subió al avión privado que la llevó a Noruega. La líder de la oposición venezolana confirmó así que para salir de su país contó con ayuda estadounidense. También aseguró que desconoce cuáles son los planes de Trump para Venezuela. Los suyos son regresar. «Pronto estaré de vuelta y ustedes también», les dijo Machado a los venezolanos en el exilio. A los venezolanos que siguen en Venezuela, el régimen apenas les ha contado que a María Corina Machado le han entregado el Nobel de la Paz, pero sí que se ha largado a Europa para disfrutar de las mieles del imperialismo. «Exilio dorado», ironiza incansable Diosdado Cabello, que a Edmundo González lo llama 'Inmundo', mientras que a Machado la llama 'La Sayona', que es el espectro femenino de temperamento aullador y vengativo con el que se asusta a los niños en Venezuela. Siguiendo con el folclore de ultratumba, Nicolás Maduro no tuvo ayer más remedio que dejar de bailar un momento el 'Don't worry, be happy' porque le llamó Putin. Quería mostrarle su solidaridad ante las «crecientes presiones externas». Las presiones son veinte ataques estadounidenses a supuestas narcolanchas, casi noventa muertos y ahora un petrolero incautado para que a lo de las ejecuciones extrajudiciales se le sume un poco de piratería. María Corina Machado pidió en Oslo que al régimen de Maduro no se le trate como a una dictadura tradicional sino como a una estructura criminal. Es exactamente lo que dice estar haciendo Trump, muy aficionado a autogenerar la legitimidad de sus actos. Además de confusa, la situación en el Caribe es un peligroso polvorín. Tenemos un régimen autoritario y cruel, un hermano mayor arbitrario, imprevisible y pendenciero y una evidente tendencia a olvidar lo del fin y los medios según convenga.
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Corrupción
La bola
Ayer continuaron las detenciones (Antxon Alonso) y los registros (la SEPI, nada menos) mientras cristalizaba en la política una respuesta defensiva sin igual: «Ya no tienen nada que ver con nosotros». Como si el problema no fuese que las detenciones y los registros están relacionados con lo que los presuntos hacían cuando sí tenían que ver. Otro de los misterios que establece la presente primavera de la corrupción es saber por qué a los partidos se les permite poner la línea roja en la financiación ilegal de un modo que parece situar el asalto al erario casi dentro de las reglas del juego. Por lo demás, es fascinante el mecanismo mediante el que todo caso de corrupción español incluye al instante su símbolo castizo, tierno, berlanguiano. 'La bola' es el bar de menús y bocatas en la isla de la Cartuja que los investigadores creen que la red de Santos Cerdán, Antxon Alonso y Vicente Fernández, el expresidente de la SEPI, pudo utilizar para blanquear el dinero procedente de los amaños de contratos públicos. Antes o después tenía que pasar: Curro levantando las alas entre las ruinas de la Expo del 92, pero no por esa alegría suya un tanto injustificada, sino para que lo registren los agentes de la UCO.