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Opinión

Veranos de antaño

¿Hemos perdido el espíritu de las vacaciones de la infancia? Quizás aún queda algo de la magia, esperando a ser despertada

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Veranos de antaño

Nora Vázquez

Jurista y sanitaria

Los veranos de la infancia, ¡qué tiempos!, eran postales sepia con olor a Nivea. El salitre dejaba los labios como si hubiera lamido un ancla ... oxidada, y la arena, ¡caliente, caliente! era un horno para los pies descalzos. Benidorm, Torrevieja… eran el paraíso playero de las familias españolas. Antes del viaje, el coche parecía una mudanza con ruedas, cargado hasta los topes de maletas, neveras portátiles y cubos, palas y rastrillos. Carretera y manta, se atravesaba España, desde las montañas o la capital hasta el mar, con la ilusión de llegar al destino. En aquellos tiempos, nada de móviles ni pantallas. El entretenimiento del viaje en muchos casos era el 'veo veo', se cantaban canciones del verano o simplemente quedar embobados mirando por la ventanilla. ¡Cuánta paciencia tenían! Pero al llegar, ¡la recompensa! Jolgorio de gente, chiringuitos con sardinas asadas y espetos.

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