El segundo error
El terrorismo nacionalista finalizó, no así su doctrina etnicista, el derecho que se arrogan a decidir con quién quieren vivir
iñaki unzueta
La controversia en torno a si los avances morales de la humanidad han sido significativos no ha concluido. Desde una perspectiva racionalista, el desarrollo moral ... habría transcurrido, según Kohlberg, desde una etapa preconvencional orientada por el castigo y el interés propio hasta la postconvencional orientada hacia el contrato social y los derechos universales. En este horizonte que tiene sus orígenes en Platón y pasa por Kant, se sitúa también Habermas con su teoría de la racionalidad comunicativa y de los mejores argumentos. Este abanico de pensamiento multidisciplinar tendría su reflejo en la expansión de la democracia por el mundo.
Hume puso las bases de un planteamiento rival donde la razón se convierte en un mero sirviente de la pasión. Haidt considera la mente dividida en dos partes: por un lado, un 99% de procesos automáticos de respuesta que incluyen las emociones y las intuiciones (el elefante) y, por otro, el 1% de procesos controlados de razonamiento (el jinete). En este modelo las intuiciones van siempre primero y el razonamiento estratégico después: «No entenderás el razonamiento moral -dice Haidt- si piensas en él como algo que la gente hace por voluntad propia para descubrir la verdad».
Unas décadas atrás, el antropólogo Lèvi-Strauss anticipaba esta perspectiva cuando decía que, «para la mayoría de la especie humana, y durante decenas de miles de años, la idea de que la Humanidad incluye a todo ser humano sobre la faz de la tierra no existe en absoluto. La designación pierde sentido más allá de los límites de cada tribu o de cada grupo lingüístico, a veces incluso de una simple aldea».
Probablemente todo aquel que haya vivido en las últimas décadas en Irlanda del Norte o el País Vasco identifica la perspectiva intuicionista donde la tierra y la sangre, las emociones y las pasiones se han impuesto al pluralismo de ciudadanos con visiones filosóficas, religiosas y morales diferentes, a la racionalidad comunicativa y a la solidaridad y derechos universales. El filósofo Borowski, luego de pasar por Auschwitz, recordaba cuánto le gustaba Platón, para seguidamente decir: «Hoy sé que mentía».
Y es que Platón rebajaba la realidad del mundo a la apariencia, las sombras y las ideas, cuando, como dice Reyes Mate, «han sido las lágrimas y la sangre las que han engrasado las ruedas de la historia». Borowski concluía diciendo que «no hay belleza si está basada en el sufrimiento. No puede haber una verdad que silencie el dolor ajeno. No puede llamarse bondad a lo que permite que otros sientan dolor». Empero, esta perspectiva que deja brotar al dolor descubre también un pozo de desesperanza.
'No digas nada' es el libro de Patrick Radden que toma por eje la desaparición de Jean McConville, viuda y madre de 10 hijos que el IRA Provisional raptó y cuyo cadáver fue descubierto cuarenta años después, para elaborar una brillante reconstrucción de los 'troubles', el conflicto norirlandés que dejó un reguero de 3.500 muertos. En el 'caso McConville' los testimonios apuntan a Gerry Adams, el enigmático dirigente que siempre negó su pertenencia al IRA.
El éxito de Gerry Adams estribó en su contribución al fin de la violencia y en su habilidad para trasvasar al Sinn Féin el capital político acumulado por los terroristas. En 2013, Bernadette Devlin, líder de las protestas estudiantiles de los años sesenta, declaraba que «no podemos seguir fingiendo que cuarenta años de guerra cruenta, de pérdida, de sacrificio, de cárcel, de crueldad no han hecho mella en el corazón, el alma y el espíritu de cada uno de nosotros». Hoy Irlanda del Norte sigue dividida: el 90% de los niños asisten a colegios segregados y la población católica y protestante se encuentra separada por barreras físicas como los animales en un zoológico.
Mientras que en el conflicto norirlandés cabe hablar de una simetría con bandas paramilitares enfrentadas, aunque en ocasiones escorada por el ejército hacia el lealismo, en el País Vasco la agresión fue unilateral. Exceptuado un periodo muy delimitado de terrorismo antiETA y sin ningún anclaje en la sociedad, nunca existió un bando organizado que tuviera por objetivo la eliminación del abertzalismo. La dinámica social de desprecio fue dirigida contra los no nacionalistas por el nacionalismo radical.
El epígono de Gerry Adams en el País Vasco, Arnaldo Otegi, pudo también, por la pusilanimidad del expresidente Zapatero que desmanteló la arquitectura jurídica antiterrorista, conservar el capital político del terrorismo. El terrorismo nacionalista finalizó, no así su doctrina etnicista defendida hoy desde algunas instituciones, el derecho que se arrogan a decidir con quién quieren vivir. Pactar con el nacionalismo totalitario que tiene por objetivo sacar a España del País Vasco es el segundo error.