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Espectacular ruta por el hayedo más grande de Bizkaia
¿Quién dijo que contemplar un vecindario de hayas solo vale la pena en otoño? Partimos al de Balgerri para llevar la contraria a esta costumbre no escrita
Puede repetir con orgullo, incluso alzando la voz, que se trata del hayedo más extenso de Bizkaia. El de Balgerri ocupa las estribaciones del monte ... de idéntico nombre en la sierra de Ordunte, que se eleva sobre 1.106 metros. «Es, sin duda, uno de los tesoros paisajísticos de Carranza», aseguran desde VisitEnkarterri. Animamos a recorrerlo ahora para observar las diferencias que la estación veraniega aporta al otoño, época en la que habitualmente muchas personas se lanzan a caminar este tipo de bosques. E invitamos a regresar en unos meses, octubre o noviembre, con el fin de comparar.
La ficha
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Extensión 8 kilómetros.
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Tiempo 2 horas.
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Desnivel 230 metros
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Dificultad Fácil.
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Ten en cuenta que en época estival se convierte en un inmenso parasol verde que ofrece sombra densa y frescura ideal para huir de los días más calurosos... ya hemos sufrido suficiente calor por estos lares. Y que la densa copa bloquea el sol directo, creando un microclima notablemente más fresco que en el valle despejado, obviamente.
Es cierto que las hayas pueblan el enclave, pero no lo hacen solas, sino acompañadas por robles, alisos, fresnos, tejos y acebos. Regados todos por el río de misma identidad. El itinerario, perfecto para completar acompañado de la familia, comienza en el barrio de Lanzas Agudas. Innegable la enorme biodiversidad que alimenta al vecindario natural. Sus árboles centenarios sirvieron antaño a los carboneros para sacar adelante una labor muy apreciada en nuestras tierras. «Hay que subir en coche hasta la parte más alta, donde se encuentra el hotel rural Gailurretan; allí es donde iniciamos la caminata», agregan.
El primer tramo se debe afrontar superando poco a poco un ascenso, gradualmente, para ir dejando el barrio de Lanzas Agudas a nuestra izquierda. Enseguida encontrarás preciosas vistas panorámicas de este valle guapo, guapo, de hermoso lucimiento vayas cuando vayas. Después de recorrer los primeros 1,8 kilómetros, estarás en tu destino, así que no habrás sufrido apenas. «A partir de este punto, el camino ya es llano y fácil de recorrer a pie», comentan, es decir, ya no vas a sufrir nada de nada.
Repetimos, por si no ha quedado claro: una primera parte tiene lugar a través de una subida suave y, una vez que alcanzas el hayedo, el sendero se transforma en zona llana y muy cómoda. Insistimos para que animes a los críos (y te animes), para que les propongas una pequeña aventura de la que regresarán encantados, porque este tipo de bosques recuerdan a cuentos de brujas y magos, de hechiceros y hadas, o si nos centramos en nuestra mitología, a iratxos y lamias.
Te rodearán ejemplares maravillosos y contemplarás cascadas y arroyos que atraviesan el bosque. Detente a escuchar, no pronuncies palabra durante un rato, dedícate a escuchar el sonido de la naturaleza, su eterna sinfonía, el susurro del viento que mece el mundo. Saborea la tranquilidad. Vas a toparte con cuatro caídas de agua, en verano es posible que alguna seca, en otoño cantarinas y dispuestas a salpicar el ambiente con sus juguetonas gotas. Y con panorámicas hacia puntos como la Peña Ranero o el encinar de Sopeña. Al llegar a la cascada cuarta puedes dar media vuelta. El regreso se hace por el mismo camino. Si se te ha hecho corto, te recordamos que el hayedo se extiende por gran parte de la ladera, por lo que es posible alargar la ruta.